Ava Gardnner y Mario Cabré
Ava Gardnner y Mario Cabré - ABC

Mario Cabré, el torero que se enamoró de Ava Gardner «como un ceporro»

El genial artista catalán, matador de toros, poeta y actor, murió el 1 de julio de 1990

MADRIDActualizado:

«Fui poeta por inspiración divina, actor por atavismo y torero por destino, qu es el que nos hace ir por caminos insospechados, queramos o no». Así se definía Mario Cabré en 1983 mientras se recuperaba de una hemiplejia que le tuvo parcialmente inmovilizado hasta su muerte. Y su muerte le llegó en 1990, hace hoy 26 años.

«El hecho de que yo sea torero fue una pirueta del destino. Un día vi en la plaza de Medinaceli a unso chicos que jugaban al toro, me paré a observarles y uno de ellos me dijo que si quería jugar tenía que hacer de toro. Desde entonces supe que llegaría a ser matador de toros», comentó en más de una ocasión.

Cabré, que tomó la alternativa en Sevilla de manos de Domingo Ortega, intervino en más de veinte películas, aunque fue «Pandora y el holandés errante» la que le lanzó a la fama. Recuerdos: Mario Cabré se perfila con la espada en alto. En el momento de la suerte suprema lanza un «¡Va por usted!» a una bellísima Ava Gardner, plena de pasión en el tendido. Y en ese instante aparece en la grada un desafiante James Mason. Cruce de miradas, se masca la tensión, la cogida, el horror, el miedo. Al torero lo llevan malherido a la enfermería y allí acude Pandora -Ava- con el capote y la montera del matador…

Tremenda la escena de «Pandora y el holandés errante». Por fortuna, Albert Lewin no fue presionado por todo el entramado antitaurino actual que le hubiera gafado su película.

Mario Cabré, además de ser un torero de exquistas maneras, de supremas elegancias,de lucir un temple excepcional, subió a la escena, se adentró en la poesía y hasta cautivó a millones de españoles en aquellos primeros programas de televisión allá por los años sesenta. Si triunfó en la Monumental de Barcelona, también lo haría en el Teatro Apolo, donde interpretó a Don Juan Tenorio.

A lo largo de su carrera sufrió cuatro cornadas graves, una de ellas durante el rodaje de «El centauro», en 1945, al evitar que la actriz Isabelita de Pomes fuera corneada. La actriz que lo cautivó fue Ava Gardner. «Me enamoré de ella como un ceporro», reconoció una vez finalizado el romance, según contaba ABC un día después de su muerte. Otra de sus conquistas fue Ivonne de Carlo, de la que decía ser «la única mujer que hubiera podido llevarme a la vicaría».

Admiración provocaba este torero. ¿Hubiera podido ahora desarrollar todas esas facetas artísticas? De catalán de pro a los infiernos. Mario Cabré no sería en estos días lo que se conoce como políticamente correcto; al contrario, un rebelde, un bohemio, un hombre de vasta cultura que proclamó con orgullo aquello de «Sóc torero i catalá, que equival al ser dues vegades torero».