El Juli, durante su faena en Cali
El Juli, durante su faena en Cali - REUTERS

Un magnífico Juli indulta un toro en Cali

El diestro madrileño corta cuatro orejas y sale a hombros junto con Luis Bolívar

MadridActualizado:

El Juli soñó e hizo soñar el toreo en la plaza de toros de Cali. En el día que la plaza de Canaveralejo celebraba su 58 cumpleaños, Julián López indultó a «Rotolando», un gran toro de Ernesto Gutiérrez. Con los tendidos llenos, la figura madrileña cortó cuatro orejas, dos de ellas simbólicas, y salió a hombros con Luis Bolívar, que desorejó al segundo del magnífico encierro, según crónica de Mundotoro.

«Rotolando», precioso toro marcado con el número 398, de 528 kilos, con el trapío de los bravos, estaba anunciado para abrir el mano a mano, pero por motivos de última hora se cambió el turno de salida y con él cerró su apoteosis El Juli. Toda la plaza al unísono batió pañuelos blancos solicitando el indulto desde mitad de la faena. El madrileño estuvo sensacional desde el inicio en verónicas cadenciosas ante la calidad del toro. Se lució por chicuelinas y se adornó por lopecinas en el quite después de la gran pelea con los del castoreño. Algo muy grande se veía venir después del brindis emocionado a los 16.000 aficionados. Brotaron las series por bajo con exquisito temple por ambos pitones y los oles comenzaron a escucharse con fuerza en la plaza.

Toro y torero se crecieron, y crecieron las emociones en los muletazos continuos en redondo, citando de espaldas, dando ajustadísimos molinetes al compás del pasodoble. Más pases, más series, más desplantes y más voces pidiendo el indulto con los pañuelos en la mano. Hasta que el presidente asomó el pañuelo del perdón de la vida al noble y bravo toro, orgullo de la cabaña colombiana.

Antes El Juli había mostrado toda su tauromaquia, rematada de estoconazo, con el gran tercero, al que cortó otras dos orejas. En su primero fue ovacionado.

Gratísima fue la actuación de Luis Bolívar, que irrumpió con fuerza en su primero, al que saludó de rodillas para lucirse luego en ajustadas gaoneras. Toro noble, de mucha fijeza, con el que bordó el toreo bueno: por bajo en redondo y llevando siempre la muleta arrastrada, peinando la arena. La faena valió, junto a la gran estocada, las dos primeras orejas de la tarde. Después le tocó el garbanzo negro, con el que oyó palmas, igual que con el sexto.