El Juli indulta al toro «Aguamiel» en Cuenca

Morante corta dos orejas pero se niega a salir a hombros

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Julián López "El Juli" fue el gran protagonista de la corrida de ocho toros celebrada hoy en Cuenca al indultar al toro "Aguamiel" de José Vázquez, el cénit a una tarde de "no hay billetes" y de desmedido fanatismo con Morante de la Puebla, que paseó dos orejas aunque, al final, se negó a salir a hombros.

Llegaban las figuras a Cuenca, en esta edición concentrados en una corrida "monstruo" de ocho toros. La ciudad respiraba toreo desde primera hora de la mañana. Nadie quería perderse el cartel estrella de la feria y eso se notó con el entradón que hubo, con el no hay billetes puesto en la taquilla.

Con permiso de Jesulín, la gente tenía ganas de ver a los supuestos mandamases, encabezados por Morante, el Juli, Manzanares y el peruano Roca Rey. Lo que no sabían es lo que aguardaba en los corrales.

Un envío muy chochón, noble, descastado y sin emoción alguna de José Vázquez, el tipo de toro que tarde tras tarde lidian los que supuestamente tienen que mandar en esto y que, dadas las extremas facilidades que suelen ofrecen, en la mayoría de las ocasiones deriva en un triunfalismo de lo más descarado.

Como el de hoy. Y es que es muy difícil explicar cómo Morante pudo cortar las dos orejas del borrego quinto, un toro descastado, sin entrega ni fuerzas al que el sevillano pegó, si acaso, tres muletazos en condiciones. El hecho lo demuestra que al final no quiso salir a hombros.

Antes, con su primero, un inválido al que el usía mantuvo incomprensiblemente en el ruedo, Morante se llevó su bronca reglamentaria.

Mucho más rotundo y de mayor argumento fue, en cambio, el triunfo de El Juli, indulto incluido del sexto toro, de nombre "Aguamiel", el número 27 en toda la carrera del madrileño.

Es posible que algunos se cuestionen si fue de indulto o no, especialmente porque su paso por el caballo fue, como en toda la corrida, algo testimonial, pero también es verdad que fue un toro que duró muchísimo, y más, si cabe, en las exigentes manos del madrileño, que se "emborrachó" toreando por los dos pitones con una largura, un sometimiento y un hilván extraordinario.

Faena a más y con el toro sin cesar de embestir. El runrún del indulto broto enseguida, y Julián lo aprovechó en un sinfín de alardes, circulares por delante, y todo lo que se le podía ocurrir en ese momento, encendiendo cada vez más los tendidos y provocando así que al presidente no le quedara otra que asomar el pañuelo naranja.

El propio Juli ya había paseado un trofeo de su noble y manejable primero, con el que se le vio también sobradísimo.

A Manzanares le salvó que el público de Cuenca, torerista como pocos, no entra en valoraciones técnicas ni exige lo más mínimo a los de luces. De ahí que se explique los olés durante las faenas a los bobalicones y desrazados tercero y séptimo, a los que toreó muy despegado, para fuera y sin despeinarse lo más mínimo. Así y todo hubiera tocado de pelo no de fallar con los aceros.

El primero de Roca Rey fue devuelto por ¡manso! El sobrero que se sustituyó tampoco es que estuviera sobrado de fuerzas y raza, muy su aire y rajándose también al final. La faena del peruano no llegó a romper, viéndose obligado a abreviar cuando al animal tiró la toalla definitivamente.

El sexto duró algo más, lo suficiente para que el peruano pudiera, al menos, justificarse, quedándose a las puertas de la oreja.