El Juli cuaja un toro de pitón a rabo
EFE El Juli cortó dos orejas al quinto toro y salió a hombros

El Juli cuaja un toro de pitón a rabo

ZABALA DE LA SERNA | SAN SEBASTIÁN
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Illumbe, después de más de una década, sigue con la asignatura pendiente de definir su toro. No atienden a la lógica saltos tan descompensados como el de ayer de Valdefresno al de hoy de Jandilla. Dentro de la más seria segunda mitad de la corrida se encuadró «Corregidor», un buen toro que, sin ser excelso, El Juli cuajó de pitón a rabo. Como el personal no acostumbra a valorar el toreo a la verónica, ni a computarlo, hay que subrayarlo cuando sucede: Juli se abrió con el capote en diez o doce lances hasta los medios o más allá, ganando terreno lance a lance, traída la embestida a la bragueta, el pecho henchido, la mano más a la cadera que a la misma parte viril. La verónica ligada es la verónica soñada, con más o menos duende. Sensacional. Las hechuras de «Corregidor» eran un tacazo, así recogidas, engatillada la cuerna desde sus estrechas sienes. La apertura por alto, a pies juntos, rompió como una ola en una trincherilla sublime. Tacto y temple con la mano derecha, cosidas las series en muletazos de hola, qué tal, hasta luego. Todo reunido. Por el izquierdo le costaba más al jandilla, pero El Juli le puso el punto que le faltaba, dejándosela muy en la cara. Las figuras por eso son, porque no esperan al semental que hace toda una ganadería para proclamarse. Media muleta en los finales a menos del toro, entre los pitones, y una estocada sello de la casa por todo lo alto. Bella muerte y dos orejas, y puerta grande, que el Reglamento Vasco obliga al doble trofeo en un solo toro para salir a hombros. Lo que pasa es que la salida de Illumbe es aún más fea que la del Vicente Calderón...

El Juli había estado muy por encima, solvente y profesional con un remiendo de García Jiménez nada fácil, con las manos por delante y el freno de mano echado. Esta vez la suerte de matar siguió la tangente sin el sopapo final.

Fandi fue el otro triunfador de la tarde. Las banderillas de Fandila obran el milagro del espectáculo, y así, sin pegarle un solo pase al parado y terciado tercero, le cortó una oreja, en la que algo tuvieron que ver también las tres largas de rodillas de salutación. Mucho mejor fue este tercio con los palos que el siguiente: clavar desde la tabla del cuello, al trascuerno, no vale. Fue este toro, de más amplia cara, de buen juego por el pitón derecho, y David Fandila, a su manera, le dio fiesta. Al fin y al cabo la gente quiere jarana. Otro apéndice de igual categoría que el anterior tras estocada al rincón.

Morante debería dejar esos puros entre toro y toro, ya más que nada por el oxígeno... Al jabonero que estrenó la tarde, le enjaretó series por el pitón derecho, de mentón hundido, de soberbio embroque. Pero la distancia que le regaló también fue tiempo muerto para que la faena tomase ritmo entre tandas y conexión con los tendidos. Como se eternizó con la espada, nada de lo bueno quedó (y lo hubo). No valió nada el siguiente, sin cuello y sin embestida. Una media verónica y una chicuelina de algún quite me las llevo de recuerdo.