EFE  Miguel Ángel Perera salió a hombros de la Monumental
EFE Miguel Ángel Perera salió a hombros de la Monumental

Inmenso Perera

ÁNGEL GONZÁLEZ ABADBARCELONA. Inmenso de temple, inmenso de profundidad, inmenso de valor. Inmenso de torería. Inmenso. Miguel Ángel Perera dictó una lección magistral, dejó para los anales una tarde

ÁNGEL GONZÁLEZ ABAD. BARCELONA.
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Inmenso de temple, inmenso de profundidad, inmenso de valor. Inmenso de torería. Inmenso. Miguel Ángel Perera dictó una lección magistral, dejó para los anales una tarde soñada, una tarde en la que lanzó un grito por la verdad más absoluta de la Fiesta, la de un hombre dominando hasta acariciar las embestidas de un toro. Y todo fluyó con una asombrosa facilidad, la que nace de arrinconar la sensación de peligro y conseguir sumergir a miles de personas en un clamor, en una comunión de sentimientos y emociones.

Avisó ya ante el gazapón tercero, al que consiguió someter con su poderosa muleta. Y llegó el sexto de Valdefresno, manso como toda la corrida pero con nobleza y motor. Perera sin dudar, la muleta siempre barriendo la arena marcando un camino largo y ceñido, el cuerpo entregado, Y así con la derecha, hondo. Por el izquierdo, el toro se quedaba corto y acabó también sometido, siguiendo las telas como hipnotizado. Y toro y torero fundidos en uno solo. Y en los pases de pecho el tiempo languidecía, las saetas se frenaban. Y la improvisación de unas bernadinas ligadas con un increíble pase de pecho queda ya en el recuerdo. Y el estoconazo, y el público enardecido, que no se dejó llevar y valoró como un exceso el premio de la vuelta al ruedo para el toro.

El Cid derrochó valor ante un lote imposible y los aficionados se lo agradecieron. Castella, una sombra.