Los huérfanos de la plaza
Miguel Ángel, 11 años y aprendiz de torero - INÉS BAUCELLS

Los huérfanos de la plaza

Ellos no recibirán ninguna indemnización, aunque hoy también sufrirán una gran pérdida

BARCELONA Actualizado:

Jesús Fernández, novillero nacido en Viladecans (Barcelona), es como los salmones: su elección profesional le obliga a ir contracorriente. Cataluña no es el lugar ideal para nacer si quieres dedicarte a la tauromaquia, o aficionarte a ella. «Estoy seguro de que a los catalanes les encantaría verle triunfar en la segunda división de cualquier deporte como tenis o fútbol, pero como Fernández es torero, a nadie le importa y no le han dado difusión», explica Paco Píriz, presidente de la Unión de Taurinos y Aficionados de Cataluña (Utyac), asociación que fundó después de la algarabía colectiva que desató el triunfo de Serafín Marín en la Monumental hace un año.

Como al novillero Fernández, a Píriz su pasión por el toreo le ha hecho ir contracorriente y formar una asociación que defiende a la fiesta el mismo año en que ésta se prohibió en el Parlament. Ambos son ejemplo de que a pesar de los embistes, todavía hay gente en Cataluña que se resiste a la idea de que después de esta tarde no se escuche un olé en las plazas de la comunidad.

Triunfo «in extremis»

Jesús Fernández tiene 28 años y hasta hace un par de meses no tenía apoderado. A diferencia de toreros como Enrique Ponce o «El Juli», que se presentan hasta 100 tardes por temporada, él en 2010 solo pisó una plaza de primera, la Monumental. Este año ha tenido la suerte de volver a torear en este ruedo, el 1 de mayo. Gracias a que salió en hombros ese día, pudo hilar quince tardes más esta temporada, dos de ellas en Madrid y una más en Barcelona. «Yo no me miro la edad», dice, «el que torea es el que triunfa», agrega. Y así lo comprobó esa soleada tarde de mayo, cuando alternó con dos chicos menores que él, uno de 18 y otro de 20, y él fue el único que triunfó.

Justamente 20 años son los que tenía el novillero cuando se inscribió en la Escuela Taurina de Cataluña, que dirige Luis Alcántara, aficionado de la fiesta. Como Píriz y Fernández, Alcántara es uno más que ha tenido que ir contra viento y marea por su pasión. Hace 15 años fundó la entidad para llenar un vacío en la zona. «Sabíamos que había un grupo de chicos a los que nadie les hacía caso», comenta. Por los campos de polvo de la Unión Deportiva de Gornal (Hospitalet de Llobregat), donde se entrenan cada martes y jueves, han pasado casi 130 alumnos, entre ellos Fernández y el más célebre de los toreros catalanes en la actualidad, Serafín Marín.

Son tantas las puertas que tienen que abrir los jóvenes catalanes que deciden ser toreros que aprecian cualquier ayuda, como la de Alcántara. La madre de Miguel Ángel, uno de los alumnos más jóvenes de la escuela, dice que «si un hijo quiere ser torero no queda más que apoyarle». Y la ayuda debe ser desinteresada porque ni la escuela taurina, ni los miembros de la UTYAC, ni el mismo Jesús Fernández viven de la fiesta. «Al contrario, pierdo mucho dinero en esto», dice el novillero.

Los directivos de la escuela también invierten en mantener viva su afición. Ellos pagan los gastos de las prácticas —el coste de una vaquilla va de 180 a 200 euros—. «Los profesores no cobran un duro y los alumnos pagan 90 euros al año, que sirven para hacerles un seguro médico», explica Alcántara. Las subvenciones para temas de toros en Cataluña son impensables, comenta. Con la prohibición, su pasatiempo requerirá todavía más inyección económica. Los aficionados tendrán que viajar para ver a sus toreros favoritos y los aspirantes a tomar la alternativa tendrán que desplazarse para poder foguearse tras la muleta. La escuela, por lo pronto, respirará por un año más, gracias a un donativo que ha ofrecido José Tomás.

No solo los políticos y la falta de oportunidades le han dado dolores de cabeza a Fernández. Hace un año le robaron un traje de luces, una montera, dos muletas y un capote con su nombre. La suma de todo ascendía casi a 5.000 euros. Viajaba hacia Toledo y paró a tomar un café a la altura de Villaviciosa. «Después de eso estuve a punto de renunciar. Si lo hubiera hecho me habría perdido lo que hice este año», explica. Así le ha sucedido un par de veces, cuando está a punto de tirar la toalla, algo le hace seguir adelante y las cosas le van mejor.

Esta vez el destino le ha jugado nuevamente una mala pasada al dejarlo fuera de los carteles de la fiesta de la Merced. «Me llamaron y me dijeron que estaría; sin embargo, al recortarse la feria a dos tardes, he quedado fuera», apunta. Y esta vez no habrá un después, pues si la prohibición entra en vigor en enero del 2012, la oportunidad de tomar la alternativa en la Monumental se pierde hoy, cuando se celebre la última corrida de la temporada y de la historia de Barcelona. No por ello el novillero deja de estar atento al móvil. «No es que yo le desee mal a nadie, pero una pequeña torcedura de tobillo me permitiría cumplir mi sueño», confiesa. Si hay alguien a quien le haría ilusión pisar el ruedo el día de hoy ese es Fernández. «Quedarme en la puerta de debutar en mi plaza me da mucha rabia», agrega.

«Va de braus»

Para David Dorado, socio de la Utyac y director de la web en catalán «Va de braus» (Va de toros), Fernández podría cumplir su mayor anhelo. Dorado confía en el recurso ante el Tribunal Constitucional presentado por el PP o la ILP para blindarlos. De hecho, ni siquiera le ha pasado por la cabeza la idea de cerrar la página de internet. «Hasta que la decisión no sea firme, tenemos esperanza de que esto continúe», afirma. La página que regenta tiene 1.000 visitas al día. «Quiere decir que hay un interés por los toros en Cataluña y en catalán», declara. Por su parte, Jesús Fernández es un poco más realista: «Prefiero pensar que se van a acabar, para luego llevarme una alegría».

Mientras eso no suceda, el joven de Viladecans —que en los inviernos se las apaña para trabajar en lo que sea y así poder torear durante el verano— confía en poder hacer el paseíllo vestido de luces en la plaza de Valladolid. «Le tengo algo de arraigo porque mi novia es de ahí y ya he toreado un par de veces en esa plaza», dice. Además, la feria es en mayo, y eso le daría la oportunidad de tener toda una temporada por delante, para triunfar, con suerte.

Aquella tarde del primero de mayo en la Monumental, Jesús Fernández recibió al toro «a porta gayola». Al iniciar la faena en los medios, el toro le dio una voltereta y lo descalzó. Una vez más había que nadar contracorriente. A pesar de la adversidad, se levantó e hizo lo que mejor sabe hacer, torear. Sin zapatillas y con el terno manchado de sangre ofreció al público barcelonés una de las últimas tandas de naturales que verán en su tierra.