Momento en el que el cuarto toro coge al diestro colombiano Ritter
Momento en el que el cuarto toro coge al diestro colombiano Ritter - Paloma Aguilar

Herido grave Ritter, oreja a Eugenio de Mora

Una complicada corrida de El Ventorrillo para diestros que torean muy poco

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Acudimos a la Plaza todavía impresionados por el terrible percance de Román. Y, de nuevo, es herido otro diestro, el colombiano Sebastián Ritter: en un quite por chicuelinas, el toro le arrolla y sufre una cornada en la pierna, de dos trayectorias, de pronóstico grave. Sin tremendismo alguno, ésta es la realidad de la Fiesta. Los que hablan del «pobrecito toro», no han visto un toro de cerca en su vida. Es un animal ferocísimo; a la vez, su nobleza permite que se ponga delante de él un joven, con un trapito como única defensa, sea capaz de dominarlo y de crear belleza. Por eso, el torero es un héroe: porque es capaz de hacer lo que ninguno de nosotros haríamos, por ningún dinero. A la vez, la Tauromaquia es un arte único, basado en el triunfo de la inteligencia sobre la fuerza bruta. Para comprender eso, por supuesto, hay que conocerlo y tener la sensibilidad adecuada.

Se inicia la última semana de la Feria con un cartel manifiestamente mejorable, más propio de agosto que de San Isidro. Los tres diestros han hecho méritos para volver a torear, aquí, pero juntarlos a los tres no parece la mejor solución. Si sumamos el número de corridas que los tres han toreado la pasada temporada, el resultado es demasiado exiguo.

Los toros de El Ventorrillo, serios, bien armados, con badana, todos cinqueños, son complicados, deslucidos (salvo el bravo sexto). Los tres diestros resuelven las dificultades con dignidad y entrega.

Esta Plaza conoce bien a Eugenio de Mora. Con más de veinte años de alternativa, ha vivido diversas etapas: éxito (abrió aquí la Puerta Grande, el mismo año de su confirmación), caída, recuperación… Domina el oficio y tiene el temple característico de la escuela toledana (le llevaron los Lozano). El primero, un torazo, embiste brusco, pega arreones, con la cara alta. Aunque Eugenio le da la lidia adecuada, sufre dos desarmes, molesto por el viento. Parece un toro de otra época. El diestro solventa la papeleta con oficio y mete el brazo con habilidad, a la segunda. Los fallos del puntillero provocan que el toro se levante y suenan dos avisos. El cuarto, de más de 600 kilos, no quiere caballo. No es adecuado el quite por chicuelinas de Ritter: se le queda debajo el toro y le hiere, en el gemelo derecho. Con gran profesionalidad, Eugenio conduce suavemente las desiguales embestidas. Ha estado francamente bien, aunque el toro no «dice» nada. Mata de media en lo alto. Por la cornada de Ritter, mata el sexto, el único bravo: logra series de muletazos templados, mandando mucho, conduciendo las encastadas embestidas. La faena ha ido a más: los circulares finales desatan el entusiasmo. Logra una buena estocada: aunque el toro tarda en caer y suenan dos avisos, corta una oreja, justo premio a una tarde complicada.

Estilo valiente y vertical

El colombiano de Medellín Sebastián Ritter ha toreado poco en Europa, como matador. Es hijo de torero, fue niño prodigio y alumno de la Escuela de El Juli. Su apoderado fue Antonio Corbacho (el mentor de José Tomás y Talavante), que influyó en su estilo valiente y vertical. Se la jugó aquí de verdad en una dura corrida de Saltillo. Nos asusta ya en un temerario e inadecuado quite, capote a la espalda, al primero. El segundo, muy armado, va a su aire. Brinda a Manuel Piñera, habitual acompañante de Don Juan Carlos. Se queda muy quieto, aguanta impasible las descompuestas embestidas; al final, logra ligar naturales suaves. Ha prolongado y suena el aviso antes de coger la espada pero saluda una ovación, por su entrega.

Francisco José Espada, de Fuenlabrada, discípulo de su paisano César Jiménez en la estética compostura, cortó una oreja el 2 de mayo. El tercero es un «tío», con los pitones hacia arriba. Se lucen, con los palos, Iván Garcia y Arruga. Como el toro no para y el diestro se queda quieto, el arriesgado trasteo es desigual pero tiene emoción. También prolonga la faena, falla con el descabello y escucha dos avisos. El quinto (se ha corrido el turno) embiste a saltos, descompuesto. Espada, muy firme, intenta bajarle la mano pero el toro le pone los pitones en la cara. Una faena de más mérito que lucimiento. Con este toro, no son adecuados (aunque se aplaudan) ni los muletazos cambiados ni las manoletinas. Tarda en matar y suena el aviso.

Al final, un toro bravo, el único, y una buena faena de Eugenio de Mora han salvado una tarde muy complicada, además del dolor por la cornada de Ritter. No hay que olvidar, en todo caso, la falta de lógica y de justicia de que maten toros tan serios y difíciles unos diestros que torean tan poco.