«Frente al riesgo de un toro bravo yo no puedo hacer nada»
Gregorio de Jesús, fue torero antes que ganadero - MIKEL PONCE
entrevista

«Frente al riesgo de un toro bravo yo no puedo hacer nada»

Gregorio de Jesús García, ex matador de toros y ganadero, es dueño del toro «Ratón»

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Debutó con picadores en 1985; pero fue un torero sin suerte.

-Antes de torear con caballos tuve unos inicios, como casi todos los chavales de entonces, en la parte seria de los espectáculos cómico taurinos, en mi caso de «El Toronto y los enanitos toreros», que mi padre apoderaba. Y sin apenas torear novilladas, que era complicado y costaba mucho, debuté en San Feliú de Guixols. Fue un día de mucha ilusión y una gran incógnita. Y aunque la plaza era una pequeñita turística, fue como debutar en Las Ventas.

-Lo que no ocurrió hasta julio del 89.

-Una novillada del Conde de Murça, con «El Cordobés», que entonces se apodaba «Manolo», y con el colombiano César González «El César».

-Tomás Campuzano y Emilio Oliva fueron sus padrinos de alternativa en Tarragona. Corría 1990.

-Mi etapa de novillero con picadores, alrededor de cinco temporadas, fue bastante buena. Fui el triunfador de la feria de julio de Valencia, en 1988, toreando con «El Niño de la Taurina», cortando tres orejas... Y empecé la temporada siguiente encabezando el escalafón novilleril; pero una vez más la mala fortuna se cebó conmigo y en Fallas un toro de Flores Albarrán me partió safena y femoral, y en agosto tuve que empezar de cero porque la gente olvida. A mí me gusta recordar el debut con picadores de Julio Aparicio donde tuve la suerte de torear, con Fernando Lozano.

-En Madrid no confirmó hasta el 94.

-Porque luego vino el típico parón, máxime si no tomas la alternativa con mucha fuerza. Me confirmó una gran figura, Manolo Cortés.

-¿Y qué le pasó para que abandonara los ruedos?

-Me quedé sin ilusión. Entrenas con fuerza pero te estrellas, y entre las tres cornadas que me pegan, la merma de ilusión, que me voy haciendo mayor, aunque me retiro con 27 años, y que tuve siempre claro que estar en el toro por estar no valía la pena...

-Pero no abandonó los toros.

-Porque mi padre, Gregorio García, que también fue matador, siguió vinculado con una ganadería de alquiler de reses en Valencia. Y yo tengo dos caminos, o seguir en la cría del ganado bravo o irme a la construcción. Y elegí seguir en contacto con el toro, aunque fuera un ganadero sin importancia.

-Hasta que «Ratón» le pone en primera plana.

-Lo importante para un ganadero es lidiar en Madrid y en las ferias de España, que eso sí debe ser bonito, un sueño que tampoco podré cumplir.

-¿Al menos sus morlacos le han hecho rico?

-Con verme ya tiene la respuesta. ¡Ojalá fuera Álvaro Domecq o Victorino Martín! Yo no tengo más remedio que alquilarlos porque para tenerlos cuidados, ellos mismos se han de ganar el pan de cada día.

-«Ratón» que es una estrella tendrá privilegios.

-Yo eso no lo he promocionado: soy un hombre de campo, que ni tengo ordenador ni me gusta la publicidad. Mi preocupación es llenar 350 barrigas. Y por exigencia de peñas, comisiones y ayuntamientos que me contratan, además de bravo, el animal tiene que divertir, ser ágil, subir y bajar obstáculos, que haga espectáculo. Y buscamos un tipo de toro que se adecúe.

-¿Un cornúpeta así, nace o sea hace?

-Ni entrenamos ni hacemos nada del otro mundo. En los tentaderos queremos animales ligeros, hábiles, con fortaleza para aguantar los 30 minutos que trabajan, rudos para soportar las avalanchas de aficionados y con carácter para defenderse.

-Y con tres cornadas, ¿qué siente cuándo le reclaman a «Ratón» por haber herido de muerte?

-Lo siento en mi alma. Estoy destrozado. ¡Yo alquilo mis animales para divertir a la gente! Sé que hay un riesgo porque son toros bravos y frente a eso no puedo hacer nada, pero lo que quiero es que la fiesta sea bonita, mis animales queden bien y vuelvan a contratarme, y todo lo que no sea eso es tristísimo.

-Una última curiosidad, ¿es también «tomista»?

-Claro que soy de José Tomás, pero como de cualquier figura del toreo porque para serlo tienes que tener un corazón que no te quepa en el pecho.