Manuesl Escribano
Manuesl Escribano - Efe

Una gran corrida de Miura en Bilbao

Oreja para Escribano y muy dignas actuaciones de López Chaves y Chacón en un final feliz

Andrés Amorós
BilbaoActualizado:

En los pasillos de la Plaza veo carteles de Ferias bilbaínas; en casi todos, Miura encabeza la lista de las ganaderías. Me fijo en los diestros que los mataban: una tarde, nada menos que Paco Camino y Ángel Teruel, otras, Manolo Cortés, Dámaso González, Roberto Domínguez, Julio Robles… Eran otros tiempos.

Brillante final con una gran corrida de Miura: toros muy serios, de bella estampa y muy interesante juego: todos, aplaudidos de salida; varios, al final; acuden de lejos al caballo y propician buenos tercios de varas, en los que se aplaude a varios picadores (algo, hoy, insólito). Escribano corta una oreja, Octavio Chacón da la vuelta al ruedo y Domingo López Chaves debió darla, en una excelente actuación.

En San Isidro, López Chaves confirmó que sigue siendo muy buen lidiador, adecuado para corridas duras. El primer Miura, «Loreño», demuestra su bravura en un tercio de varas emocionante, arrancándose de lejos, con fijeza, al caballo de Javier González, muy aplaudido. Domingo realiza un trasteo de sabor campero y añejo, conduciendo con suavidad las nobles embestidas; todo, francamente bien, salvo la espada. Debió dar la vuelta al ruedo. El cuarto hace una salida espectacular, con muchos pies y mugiendo sin parar; se encela en el caballo. No tiene un pelo de su nombre («Tonto»), queda muy corto por los dos lados. Con gran seguridad, sabiendo muy bien lo que hace, le saca algunos muletazos templados, cruzándose al pitón contrario y corriendo la mano con suavidad. De nuevo, el único lunar es la espada, pero ha tenido una muy seria tarde lidiadora. ¡Cómo hubiera disfrutado, viéndolo, su paisano Gonzalo Santonja!

El segundo se llama «Amargoso», como aquel mítico toro de Albayda al que Marcial –me contó– mató rápido, antes de que el público viera lo bravo que era… El de esta tarde también acude de lejos al caballo de Agustín Collado, aplaudido, pero flaquea, queda más corto, es incierto. Octavio procura llevarlo muy metido en la muleta, en un trasteo con más profesionalidad que brillo. A la hora de matar, el toro se tapa pero logra un espadazo. «Amargoso» muere como bravo. Precioso es el quinto, sardo (de tres colores), que también acude bien al caballo de David Prados, tiene movilidad y cierta nobleza. Chacón hace el esfuerzo, con un trasteo aseado y una buena estocada.

El bravo Manuel Escribano ha alternado percances con éxitos: nada menos que el indulto de un Miura. Acude a portagayola, como suele, en el tercero y se libra con habilidad cuando el toro pega un respingo. También acude de lejos al caballo pero se queda muy corto. Manuel se luce en los pares de banderillas vistosos; sobre todo, el tercero, al quiebro y al violín. Le saca algunos muletazos por la derecha; por la izquierda, tiene menos recorrido. Mata con decisión y es ovacionado. También acude a portagayola en el último y se libra con un hábil regate. Logra verónicas de categoría. Miden el castigo al toro. Su habitual par por dentro levanta la merecida ovación. El toro es bravo, transmite emoción; los muletazos de Escribano tienen mucho eco. La buena estocada acaba de decidir la concesión del trofeo.

Una vez más, Miura nos ha traído la emoción del toro serio, diferente y de preciosa estampa. Se ha agradecido a los tres diestros su capacidad lidiadora y su entrega. Me comenta mi amigo Antonio: «La única corrida de la Feria en la que los toros han ido de lejos al caballo. ¡Qué hermosura! ¡Qué pena no verlo con más frecuencia!» Tiene toda la razón.

Dejamos Bilbao, con su toro serio, su cielo nublado y su arena negra. El próximo fin de semana, nos espera la corrida goyesca de Ronda, otro mundo estético: ésa es la feliz variedad del arte de la Tauromaquia.