Iván Fandiño, en el saludo
Iván Fandiño, en el saludo - Efe

Gran ambiente en Medellín en un estreno sin orejas

Hermoso de Mendoza pincha el triunfo y Fandiño pecha con el peor lote

MEDELLÍN (COLOMBIA)Actualizado:

Sin trofeo alguno y con una importante presencia de público, arrancó este viernes en la colombiana Medellín la tradicional Feria de La Macarena, donde se lidiaron seis toros de la ganadería de Santa Bárbara.

La falta de efectividad con el rejón de muerte privó de la puerta grande a Pablo Hermoso de Mendoza, el único de los alternantes que estuvo cerca del triunfo en la plaza de La Macarena.

Medellín se quedó con las ilusiones de triunfo en la primera corrida de la Feria de La Macarena. Un encierro con notables e inesperados cambios de comportamiento de la ganadería de Santa Bárbara sirvió de telón de fondo a las actuaciones de tres alternantes, puestos a prueba por esa condición de los toros, para marcharse, todos, entre la decepción y el otra vez será

Brilló, eso sí, Pablo Hermoso de Mendoza, ante dos toros muy diferentes. En el primero de los suyos, tercero de la noche, la plaza, casi llena, tuvo la oportunidad de ver al caballero en plaza en buena parte de su dimensión.

Doma y arte

El toro, encastado, lo exigió y el navarro supo responder, tanto en terrenos comprometidos, como a la hora de templar. Hubo doma y arte, pero también valor. El rejón definitivo, como ha sido su constante en esta temporada colombiana, no tuvo acierto y la opción de triunfo se apagó.

Igual sucedió en el sexto del festejo, un animal que obró con reservas. Ante esa falta de franqueza, Hermoso de Mendoza no tuvo más alternativa que ir a buscar al enemigo en sus querencias. De allí surgió una faena colmada de emociones, a la que, de nuevo, le faltó el colofón de la suerte suprema.

Lo demás no pasó de un interesante toro, el quinto, al que el colombiano Luis Miguel Castrillón intentó hacerse en los medios, sin alcanzar con plenitud tal propósito. Sobraron maneras, pero faltó profundidad. En el segundo, el torero local enseñó sus bondades con el capote, antes de que el ejemplar entrara en la irregularidad que caracterizó a la mayoría de sus hermanos.

Para Iván Fandiño no hubo suerte en ninguno de los dos que le correspondieron. El que le sirvió para abrirse de capa duró el escaso recorrido de una serie por la derecha. El otro se rajó y aunque el vasco porfió, no había de dónde sacar.