EFE  Jesulín, El Fandi y El Juli abandonan a hombros la plaza

Goleada de orejas al rigor de Castellón

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ZABALA DE LA SERNA

CASTELLÓN. Si lo importante de una corrida es que la gente se lo pase en grande, el objetivo se cumplió con holgura. Ante tan apabullante resultado, siete orejas, cabría pensar que asistimos a un espectáculo sin par. Pero la verdadera goleada fue contra el rigor, supuesto rigor, de Castellón. Tantos pañuelos al viento, tanto jolgorio, acaban por atolondrar los criterios, y uno no sabe ya qué es realmente lo que ha visto. O sí: una corrida de pueblo.

Para El Juli fueron las orejas más serias. El resto cayó como los peluches de la abeja Maya que tiraban desde los tendidos de sol en cada vuelta al ruedo. Unas más grandes, otras más chicas, las abejas. Jesulín se llevó una XXL, como su muleta. La muleta de Jesulín es la madre de todas las muletas. Y la usa con mando, un mando que sitúa en su lejano pico. La primera faena duró lo que el sobrero de Jandilla. O sea, no mucho. En ese tiempo, ligó los derechazos, y enderezó la rara situación creada por el toro que abrió plaza. Rara porque el diestro de Ubrique demandaba su devolución por un defecto en la vista, y el gentío, por su renqueante tranco. En definitiva, todo el mundo protestaba algo, y el presidente optó por devolverlo. Con una oreja en el bolsillo, Jesulín se recreó en una faena átona con el bondadoso cuarto. La estocada fue lo más destacable entre la linealidad. Otra oreja al canasto.

El Juli interpretó los más intensos momentos al natural con el segundo. Faena limpia, estructurada, sin un pase de más ni de menos, para concluir con una serie de completos redondos. Se atracó de toro al entrar a matar, y la trayectoria de la espada, atravesada contraria, acarreó el uso del verduguillo. Buen hacer y justo premio.

En la corrida de Jandilla, muy desigual, entró el basto, acarnerado, cornibajo y bruto quinto, bruto de verdad. Un toro así no se le vende ni a un enemigo para puerta cerrada. ¡Ay, los taurinos! El toro de Castellón es el que es, pero no el que debería ser para una televisada. No sé si me explico. El chico lote de El Fandi no venía a cuento tampoco. El Juli se puso, o se impuso, con coraje contra la guasa. Y El Fandi, para no variar, se embolsó las orejas con las banderillas. Una de un precioso melocotón sin cara que se desfondó a plomo y dos del berreón y descompuesto sexto. Una goleada retransmitida por TVE, y todos a hombros.