El espontáneo, en el callejón de Las Ventas
El espontáneo, en el callejón de Las Ventas - Paloma Aguilar

Un espontáneo salta al ruedo de Las Ventas

La policía se lleva al joven novillero Carlos Enrique, hijo de Lázaro Carmona

MadridActualizado:

En busca de una oportunidad, un joven espontáneo quiso saltar al ruedo de Las Ventas. El joven era Carlos Enrique Carmona (Madrid, 1989, hijo de Lázaro Carmona (en un tendido bajo del 9). Ocurrió en el primer capítulo de la tarde, cuando asomó el pañuelo verde para el novillo de Fernando Peña, que quería meter la cara en el capote, pero ya asomó la lengua en el recibo y se desplomó literalmente en varas. Aguantó el presidente al astado y cambió el tercio, pero volvió a derrumbarse y no quedó otra que sacar el moquero color hoja para “Afectuoso”, herrado con el número 157, negro bragado y de 516 kilos.

En ese momento, el espontáneo que quiere ser torero saltó con su muleta, pero la policía se lo llevó por el callejón. Y “Afectuoso” regresó a chiqueros para dar paso a un sobrero del Sierro, inválido también, con el que Carlos Ochoa, de rosa y oro, dibujó sentidas verónicas y logró sostenerlo en algunos muletazos que gustaron en los tendidos, con otros algo forzados. La media estocada requiere el uso del descabello. Saluda una ovación. Pitos al novillo.

Marcos brindó al público (más de siete mil espectadores, según datos de la empresa) el segundo, justo también de fuerzas pero que sirvió. El madrileño conecta en la última serie diestra, más crecido y dando un toque fuerte para provocar la arrancada. Mete la mano con habilidad, pero la estocada cae trasera y tiene que descabellar. Suena un aviso. Saludos con cierta división.

Diego Peseiro, de cobalto y oro, debutó con Paseante, negro listón, de 518 kilos. Ochoa intervinó en su turno de quites por saltilleras y gaoneras. Réplica por chicuelinas del portugué, que banderilleó con más voluntad que acierto. El brindis del novillo de su presentación fue para la afición de Madrid. Iba y venía Paseante sin celo alguno, falto de casta, y se acabó pronto. Pincha Peseiro con el novillo aculado en tablas. Silencio.

Se desmonteró Andrés Revuelta en un buen tercio de banderillas al obediente cuarto, justo de casta como sus hermanos. Ochoa acortó distancias en su deseosa faena. Pinchazo y estocada. Saludos con cierta división.

Buena lidia de Miguel Martín al quinto, con el que Marcos se dobló en un esperanzador prólogo, pero la faena no tomó vuelo. Mata de media muy baja. Silencio.

Quiso agradar en el tercio de banderillas último Peseiro, que tiró del novillo en unos derechazos. Silencio para rematar la sosa novillada.