Diego Urdiales
Diego Urdiales - Paloma Aguilar

Diego Urdiales: «Estuvieron a punto de quitarme la chaquetilla en la Puerta Grande»

El torero riojano narra sus sensaciones tras su tarde soñada en Feria de Otoño

MadridActualizado:

«El secreto de todo fue poner el cuerpo y el alma en el estado que siempre había soñado», confesó el torero Diego Urdiales, en una entrevista con Efe tras su importante triunfo del domingo en Las Ventas.

"Es muy difícil explicar con palabras lo que se siente. Yo sólo sé que me evadí tanto que había momentos en los que parecía que solo estábamos el toro y yo entendiéndonos en una comunión increíble, dejándome llevar por todo lo que me iba saliendo de dentro. Fue maravilloso", reconoce el diestro riojano.

Urdiales (Arnedo, La Rioja, 1975) logró una faena para el recuerdo, la que realizó al cuarto toro de la corrida que puso broche ayer a la Feria de Otoño, al que cortó las dos orejas y al que toreó "con el alma".

"Un toro sin definir en los primeros tercios, pero gracias a Dios lo fui descubriendo desde muy pronto, enseguida me acoplé, e, incluso, me metí dentro de él hasta llegar a disfrutar de una manera absoluta con la mano izquierda, trasladándome a un estado que no se puede explicar con palabras", rememora.

"Y es que hubo un instante al natural que sentí de verdad que aquello se paraba -continúa Urdiales-; por fin estaba haciendo el toreo que siento en Madrid, el de lograr reducir las embestidas de un toro a una velocidad mínima, momentos que jamás olvidaré".

Algo que recordará también por siempre son "los rugidos de Madrid", una banda sonora "única e indescriptible" cuando un torero se entrega como lo hizo ayer Urdiales con "Hurón", que fue como se llamaba el toro de la ganadería de Fuente Ymbro.

"Por mucho que uno esté encerrado en su interior es imposible no sentir ese estruendo de olés. Se te eriza la piel, también cuando ves las caras de felicidad en las dos vueltas al ruedo que me obligaron a dar. Y es que es un orgullo descubrir que era capaz de poder lograr todo esto en la plaza de los sueños, que Las Ventas pudiera sentir mi toreo de esa manera", apostilla.

Pero antes de esa faena ya hubo otra, la primera, que empezó a poner a la gente de acuerdo y que fue recompensada también con una oreja que ya le dejaba entreabierta la Puerta Grande.

"Fue muy gratificante también. Porque el toro era muy duro, muy exigente, y había que estar muy firme y centrado con él, con el hándicap del viento, que hacía muy difícil controlar la embestida y someterla. Pero a base de paciencia, fe y de encontrar los terrenos, lo conseguí", recuerda.

Y como colofón final a una "importantísima" corrida de Fuente Ymbro, y por la que "siempre" estará agradecido a Ricardo Gallardo (dueño de la ganadería), llegaría la ansiada la Puerta Grande.

Fue duro, me lo esperaba mejor de haberla podido disfrutar un poco más, porque, sinceramente, fue un palizón tremendo. Pero también es bonito ver la pasión de la gente, que te quieran tocar y llevarse algo de recuerdo; pero es que me arrancaron una hombrera y estuvieron a punto de quitarme hasta la chaquetilla", desvela.

Pero la anécdota más curiosa y pintoresca llegó cuando por fin logró entrar en la furgoneta: "Se estaba formando la mundial y la propia policía se estaba poniendo tan nerviosa que no sabía para dónde dirigirnos. Unos decían que tiráramos para delante y otros que parásemos que todavía había gente debajo de las ruedas", relata.

"El caso es que cuando conseguimos avanzar un poco nos encontramos dentro a dos niños pequeños llorando. Se supone que los padres los habían dejado ahí sin que nadie se diera cuenta para evitar los golpes y todo lo que se forma en una salida a hombros. Fue tremendo. O a lo mejor querían que los adoptase", bromea entre risas Urdiales.

Un broche inmejorable a una temporada extraña, resumida en cinco festejos, y todo por luchar por su dignidad como torero y por recuperar la esencia cada vez más masacrada por un sistema que nada ayuda a la tauromaquia. "Son los movimientos que hay en el toreo y que van en contra de la esencia de este arte. Ha sido una temporada en el que las circunstancias de mi decisión de no ir a San Isidro me complicó luego todo. Llegué a Bilbao con dos corridas de toros y no me quedaba otra que hablar en la plaza, sin duda donde mejor se me da expresarme", concluye.