David de Miranda, en Huelva
David de Miranda, en Huelva - Alberto Díaz

David de Miranda: del percance en el que rozó la muerte a la puerta grande

El torero de Trigueros reaparece triunfal en las Colombinas después de que un toro estuviese a punto de postrarlo en una silla de ruedas hace un año

Huelva Actualizado: Guardar
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Tarde repleta de emociones la vivida el sábado en el coso onubense de la Merced. Reaparecía David de Miranda tras el grave percance que a punto estuvo de dejarle postrado de por vida en una silla de ruedas, y el joven espada de Trigueros triunfó con fuerza en una faena soñada, posiblemente la mejor actuación cosechada en su tierra.

«Si es un milagro que pueda caminar, también lo es que esté vivo»

«Si es un milagro que pueda caminar, también lo es que esté vivo», había declarado a Efe en abril el torero. David de Miranda (Trigueros, Huelva, 1993) resultó dramáticamente cogido por un toro de Sánchez Urbina en el festejo celebrado el 27 de agosto del pasado año en Toro (Zamora), el cual le propinó una fortísima voltereta que le produjo «cuatro fracturas vertebrales» además de una importante afectación medular. «Fue un auténtico calvario. La lesión era muy dolorosa y la zona afectada era muy difícil de tratar. También porque todo ha ido muy despacio, ha costado mucho, y, por si fuera poco, he pasado mucho tiempo fuera de mi casa, y la tierra tira mucho».

Sobre los recuerdos de aquella dramática tarde comentó a Efe: «Me acuerdo de todo porque no perdí la conciencia en ningún momento. Desde que me cogió el toro supe que lo que llevaba no era ninguna tontería. No podía moverme. De cuello para abajo no sabía nada de mi cuerpo y, además, estuve minutos sin poder respirar. Fueron unos momentos muy angustiosos, que van a marcar mi vida y mi trayectoria como torero».

David de Miranda, a hombros en su regreso a los ruedos
David de Miranda, a hombros en su regreso a los ruedos - Alberto Díaz

Tras aquellos amargos y largos momentos, a David de Miranda le llegó la felicidad este sábado en Huelva. Estuvo cumbre en una histórica tarde que contó también con una gran faena de Morante. Completaba el cartel Manzanares, voluntarioso sin más.

Volvamos al protagonista, al torero renacido: David de Miranda. El público le demostró un cariño desde que rompió el paseíllo que lo sacaron a saludar una fuerte ovación. El toro de Juan Pedro Domecq se movió encastado, acortando el recorrido medida que avanzaba la lidia.

El torero triguereño fue tirando del animal con temple y enjundia. Cuajó al toro por ambos pitones en una faena sentida, más con el corazón que con las muñecas. A menos el toro, De Miranda acortó la distancia, metiéndose entre los pitones. Remató con manoletinas ceñidísimas, con el público entregado.

La estocada fulminante rubricó el gran triunfo y la concesión de las dos orejas con la emoción desbordada.

Siempre hay una luz al final de túnel. Y David de Miranda no solo vive para contarlo, sino que dio un gran paso en su exitosa vuelta a los ruedos.