López Simón, en un momento de su faena
López Simón, en un momento de su faena - Paloma Aguilar

Cuando no hay toro, no hay nada

Con una mansada total del Puerto de San Lorenzo, solo destaca la entrega de Alberto López Simón

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Un cartel atractivo desemboca en un fiasco total, por la falta de casta y bravura de los toros del Puerto de San Lorenzo. Sólo se ovaciona la entrega de Alberto López Simón: sufre un volteretón, en esas bernadinas finales que ahora parecen inevitables. Antonio Ferrera y Miguel Ángel Perera no sólo no repiten su triunfo sino que se van prácticamente inéditos. Además, el viento huracanado anula cualquier posibilidad de lucirse, con el capote, y la dificulta mucho, con la muleta. ¿Hasta cuándo continuaremos denunciándolo, sin que se haga nada?

No sigo el orden de lidia. Al tercero, que pronto flaquea, apenas lo pican. López Simón recurre a un quite mixto de los actuales, para intentar animar al personal, hundido en el sopor. En la muleta, el toro va y viene, bondadoso: el diestro hace el poste y sorprende (¡todavía!) sacándoselo por la espalda. Logra muletazos suaves, que el toro toma con docilidad borreguil. Una voz pide música. De nuevo se lo saca por la espalda. En las bernadinas finales, el toro se lo echa a los lomos; al reponerse, insiste, por el mismo palo, asustando al personal. Muy quebrantado, pincha varias veces, con un raro salto. Se agradece su entrega valerosa. El último también huye, pegando arreones; es gazapón, se desentiende de los engaños. El gran don Manuel Machado diría, en alejandrinos: «La voluntad de Alberto se estrella con un toro que, desde que ha salido, se ha negado a embestir». Y el diestro se encasquilla con el descabello.

En el segundo, se luce con los palos Curro Javier. El toro no se entrega, tiene corto recorrido. Perera le saca algunos muletazos, sin ningún eco. Entre el viento y la media casta del toro, molesto por una banderilla en el brazuelo, todo queda en nada. Con media estocada, se quita de delante al esaborío. El quinto intenta saltar la barrera, embiste rebrincado, apenas lo pican, huye a tablas. Aprovechando que se mueve, Perera le saca algunos muletazos, que el toro toma protestando, loco por irse. ¡Vaya birria de toro! Con habilidad, mete la espada pero falla, al descabellar.

A los que no siguen la actualidad taurina les ha sorprendido la faena de Ferrera. La realidad es que su evolución artística ha sido extraordinaria: de un diestro veloz, populista, ha pasado a la búsqueda de la lidia clásica, total, y a una personal vía estética, probablemente influida por su estancia en México, acompañando las suertes con una suave danza corporal que logra encandilar a los públicos. Recordando su gran faena, lo reciben con una ovación. El viento le descubre al recibir al primero, de más de 600 kilos, que empuja en varas. Como siempre, Fernando Sánchez se gana una ovación, andándole al toro, muy marchoso. Ferrera lidia con conocimiento pero el toro se viene abajo muy pronto, queda corto, puntea la muleta. Hace bien en no prolongar inútilmente el trasteo y mata con habilidad, a la segunda. En el Sol, donde hace menos viento, recibe con el envés del capote al cuarto, muy abanto. Lo saca del caballo con faroles (la escuela eterna de Gallito). Vuelve a lucirse Fernando Sánchez, triunfador claro de esta Feria. A pesar del ventarrón y lo incierto del toro, logra algunos muletazos con naturalidad (lo más difícil, según Corrochano). El toro va a peor, corta y busca, huye a chiqueros y Antonio desiste. La estocada queda baja. Otro día será…

El resumen es sencillísimo y desolador: sin toro, no hay nada.

Posdata. Con la pasión taurina, han vuelto las polémicas. (Mejor es discutir eso que los pactos políticos). Lo malo es que se discute sobre lo accesorio, los trofeos. Hay gente que se rasga las vestiduras –y le sobra la razón– porque a Ferrera le dieron sólo una oreja después de una faena plena de inspiración y una estocada singular, citando a recibir desde larga distancia. Otros, en cambio, avisan de que se rasgarían las vestiduras si a otro diestro se la hubieran concedido. ¡Cuánta vestidura rasgada! Los toros no son el fútbol, no sólo cuenta el resultado. Debería discutirse sobre lo fundamental: la casta de los toros y la lidia.