Dos orejas y cornada para El Cid en la feria de Medellín
El Cid es embestido durante la lidia de su tercer toro - efe

Dos orejas y cornada para El Cid en la feria de Medellín

José María Manzanares cortó también dos orejas y Luis Bolívar una en el tercero y dos simbólicas al que indultó

colombia Actualizado:

José María Manzanares, que cortó dos orejas y Luis Bolívar, una en el tercero y dos simbólicas al que indultó, salieron a hombros en la cuarta corrida de la feria de Medellín, cosa que no pudo hacer Manuel Díaz «El Cid», que aunque cortó las dos orejas del que abrió plaza, fue corneado por el séptimo, un toro de regalo, que le impidió salir a hombros.

El Cid abrió el festejo con un toro que desbordaba calidad. Cada una de sus embestidas era un canto a la clase para perseguir los engaños. Un toro ideal para el sevillano, que con su trazo limpio y cadencioso lo llevó hasta donde el animal quería. Faena con luz propia, la que permitió la conjunción de un torero en vena y un toro de deslumbrante bravura. Dos orejas.

El listón arriba, y el turno para Manzanares. Sin exigirse demasiado, su capote fue de categoría, a tal punto que metió al público en la faena. Con la muleta, cada trazo valía por el doble, y los muletazos, especialmente por el derecho fueron de gran categoría y estética, ante un toro noble pero que no trascendía lo suficiente.

Es más, en el toreo al natural el diestro alicantino tuvo que exigirse más de la cuenta, y una estocada en dos tiempos, en la que el torero encontró un obstáculo pero que superó en la propia cara, fue muy controvertida y minó la petición de trofeo.

Pero en el quinto, con la tarde en ebullición, Manzanares se superó. El capote, manejado con la misma docilidad y gracia, adquirió una estética contundente. Y ante un toro nada fácil, que embestía con mucho nervio e intensidad, la muleta de José María tuvo que ser más poderosa.

Esa conjunción permitió la grandeza de las series. Donde los muletazos se encadenaban en un solo instante, largo y con aromas eternos, que parecían nunca acabar, en los que el toro persiguió con vibración alrededor del cuerpo del torero que brotaba estética pura. Esta vez la estocada ayudó a la apoteosis, y las dos orejas fueron el mejor broche para un público que se movilizó por Manzanares.

Luis Bolívar tenía una expresión de fiera indomable. Y por eso su actitud fue lo primero que transmitió. Salió a ganar lo suyo y a que nadie le pisar sus terrenos. Con el primero estuvo sobrado de técnica y con un buen trazo, en una faena emotiva, que tuvo temple, aunque manchada con un desarme que no alcanzó a eclipsar la emoción.

Y tras la pasión del quinto, salió a elevar la tarde en el sexto. Un toro con la única intención de buscar pelea. Bolívar no sólo cuajó un vibrante saludo con el capote, sino que lo lidió de forma ejemplar, en una receta para garantizar el fondo.

Y cuando muchos esperaban un toreo efectivo, el colombiano se puso en la mitad del ruedo a torear. Torear de verdad, con fino y largo trazo. Se asomó aquel Bolívar de la pasada feria de Cali que tanto cautivó. Y aunque el toro respondía, cada vez se venía a menos.

Pero el torero se empecinó en salvarle la vida y consiguió alargar sus embestidas hasta que se asomara el pañuelo del perdón, que parecía un imposible. La puerta grande asegurada para todos los protagonistas, y un séptimo capítulo que sobraba. Como el cuarto toro había sido un imposible, e hizo pasar mal rato a El Cid, el sevillano regaló un toro.

No tenía muchas virtudes el animal, y había que poner más de la cuenta para que no fuera inferior a la tarde. Y en esas se asomó el drama. El Cid fue empitonado en su muslo izquierdo y de inmediato se notó en su cuerpo que la cornada había llegado.

No se fue a la enfermería y en una gesta se quedó a terminar su misión. No pudo salir a hombros pero los toreros lo arroparon hasta la enfermería, y allí sí se elevaron por el camino de la puerta grande.