Juan Leal, en el momento de la cornada en la región perianal
Juan Leal, en el momento de la cornada en la región perianal - Paloma Aguilar

Cornada grave y oreja a Juan Leal en Las Ventas

El joven francés corta el único trofeo en una corrida de Pedraza de Yeltes noble pero que no propicia el lucimiento

MadridActualizado:

A costa de recibir una grave cornada, corta una oreja el francés Juan Leal. Con impresionante entereza, ha seguido toreando y no ha pasado a la enfermería, por su pie, hasta recibir el trofeo que el público, emocionado, unánimemente ha exigido.

La alegría de la salida en hombros, el día de su confirmación de alternativa, de David de Miranda -una más, dentro de los éxitos de esta Feria- ha atraído a más público a Las Ventas. Comenta la gente que todos los días están pasando cosas de interés, en esta Feria, y eso les anima a acudir, para verlas. Los toros de Pedraza de Yeltes (de procedencia Aldeanueva) tienen fama de grandones, hemos visto en Las Ventas verdaderos «gigantes»; también, de toros encastados, que han triunfado varias veces en Azpeitia y en Francia, pero que todavía no lo han logrado, en Madrid. Los de esta tarde, todos colorados, tienen menos kilos de lo habitual. Son altos y de peso razonable, aunque, al comienzo, se pite a alguno, porque parece poco rematado. Son nobles pero sosos, no acaban de emocionar.

Primera corrida en la Feria (van a ser tres, con Victorinos y Cuadris) de Octavio Chacón. El primer toro, con 585 kilos, no es nada gordo: cumple bien en el caballo; embiste con nobleza y hasta dulzura, aunque flaquea. Luce Octavio sus formas clásicas en lances y muletazos suaves pero la flojera del toro lo desluce todo, se va apagando. El trasteo ha sido muy correcto pero al guiso le ha faltado sal. Mata bien pero a la segunda. Lidia con oficio al cuarto, de salida. La incansable repetición del toro, unida a su escasa entrega, pondrían en apuros a muchos diestros pero a Chacón, curtido en mil batallas, no le agobian. Vuelve a matar con gran facilidad, a la segunda. Por la cornada sufrida por Juan Leal, mata también el sexto: lidia bien, lo coloca lejos del caballo, el toro acude con alegría. Se luce Manolo de los Reyes, andándole al toro con parsimonia, antes de clavar los palos, y saluda, con Agustín de Espartinas, que dejó el escalafón superior y está cuajando en buen banderillero. Chacón muletea con la montera puesta, como solía hacer Luis Francisco Esplá, en sus segundos toros. Éste es deslucido, no se entrega, pero Octavio lo resuelve todo con gran técnica, sabe muy bien lo que hace. Aunque no humilla, mete la mano hábilmente, con la espada. Sin triunfo, deja alto su cartel. Es, ahora mismo, uno de los mejores lidiadores.

Javier Cortés estuvo bien -excepto con la espada- con los toros de La Quinta, el primer día de la Feria. Se protesta un poco por escurrido el segundo: de salida, embiste con codicia pero pierde las manos; acude con alegría al caballo de Juan Francisco Peña, muy aplaudido. El toro sale de las suertes desentendiéndose, el diestro ha de sujetarlo; su muy correcto trasteo no culmina. Mata mal. El quinto sólo se deja pegar, en el caballo. Salva Chacón con un certero quite a Abraham Neiro. El toro se mueve pero es incierto, algo brusco; cuando siente que le pueden, protesta, derrota. Cortés , firme, logra algunos buenos derechazos. Le empuja el toro con los cuartos traseros, cae al suelo y el animal no hace por él. Ha concluido su Feria con un toro complicado y ha vuelto a mostrar que la espada es su punto flaco.

El joven francés Juan Leal es tan valiente que roza a veces la temeridad. He presenciado actuaciones suyas realmente heroicas, con los toros de Miura, en Bilbao. El tercero, como sus hermanos, cumple bien en varas. Se lucen Manolo de los Reyes y Marc Leal, con los palos. Comienza Juan con ocho muletazos de rodillas, en el centro, que levantan un clamor. El toro repite, pegajoso. El diestro recurre a un trasteo encimista, que suscita división, hasta ser herido en el glúteo, persiguiéndole el toro hacia las tablas. Sigue toreando, muy de cerca, y mata con decisión, en dos tiempos. (Queda feo que se escuchen los consejos a un matador). Recoge la oreja y pasa por su pie a la enfermería. Sufre una cornada grave, de 25 centímetros, en la región perianal.

Dos conclusiones se imponen. Ante todo, lo que de verdad importa es la casta, no el peso; como siempre digo, importa el motor, no la carrocería. He llegado a pensar que, en el momento actual, la tablilla que exhibe el peso perjudica, más que ayuda; predispone al público. Si se suprimiera, poco perderíamos. Mucho más necesario es que el toro tenga casta, fuerza, bravura, movilidad… Otra cosa: al conocer el parte médico de Juan Leal, nos preguntamos cómo ha podido seguir toreando. Sí, los toreros son auténticos héroes. Ésa es la verdad indiscutible de la Fiesta. Deseo que se recupere pronto y que no sufra nuevos percances.

Postdata. La izquierda radical lamentable que tenemos suele identificar la Fiesta con actitudes casposas, reaccionarias, franquistas, fascistas… Todos los tópicos. La realidad los desmiente, cada día. Acaba de publicarse el «Epistolario completo» de Miguel Hernández, nada sospechoso de derechista. Por encargo de Cossío, lee libros taurinos en la Biblioteca Nacional. El 31 de julio de 1935, le escribe, con humor: «Ahí va otro soneto taurino, el ambiente cornudo en que vivo me hacen cantar tauromáquicamente a todas horas». Le envía nada menos que el precioso soneto «El toro sabe, al fin de la corrida/, en que prueba su chorro repentino…», en el que se identifica con el destino del nobilísimo animal: «Y, como el toro, tú, mi sangre astada…» La ignorancia se combate leyendo. El sectarismo no tiene remedio.