Castella entierra la gloria con la espada

Buena entrada en la Monumental, aunque con la resaca de la tarde histórica del 17 de junio, ahora todo puede saber a poco. Y no fueron pocas las cosas que sucedieron en el ruedo barcelonés, muchas más

ÁNGEL GONZÁLEZ ABAD. BARCELONA.
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Buena entrada en la Monumental, aunque con la resaca de la tarde histórica del 17 de junio, ahora todo puede saber a poco. Y no fueron pocas las cosas que sucedieron en el ruedo barcelonés, muchas más de las que puede dar a entender el resultado de los toreros. Pero al margen de la meritoria oreja que se llevó El Cid del quinto, y la cariñosa vuelta al ruedo de Jesulín en el cuarto, la corrida tuvo acento francés. Sebastián Castella toreó de forma espléndida, especialmente al tercero, y él solito se cerró la puerta grande que había abierto con la muleta. El tercero de Valdefresno lucía astifinas defensas, manseó como toda la corrida y por ello fue protestado, pensando el público que esa condición iba a mermar la actuación del francés. Se equivocaron quienes pedían el cambio. Castella se fue a brindar la faena al respetable y con unos estatuarios demostró cuáles eran sus intenciones. Un molinete en los medios y la muleta puesta por el derecho. Largo el primer muletazo, hilvanado con otro, y otro más. La mano baja y el de pecho. Más rotunda la siguiente serie, enroscándose al astado. Al natural el toro protestaba y el francés ni se inmutó: muleta adelante y arrastras, todas las ventajas al enemigo y temple. Y cuando el animal ya no quería más se inventó un circular de espaldas ligado con un derechazo inmenso y un pase de pecho, que puso la Monumental boca abajo. Castella iba camino del cielo y enterró la gloria con la espada. Igual que con el sexto, más violento, más descompuesto, al que toreó otra vez con firmeza, con la planta clavada, con la muleta intentando dominar tanto devaneo. Y lo consiguió, sin la brillantez del toro anterior, pero ofreciendo siempre verdad. La espada una cruz. Impropio final.

El Cid se templó con el quinto en una faena en la que acertó a no meterse mucho con el de Valdefresno al que llevó con mimo en muletazos sin obligarlo nunca. La falta de casta del toro así lo aconsejaba y así lo hizo el sevillano, que con el huidizo segundo nada pudo hacer.

A Jesulín lo trataron con dulzura y le obligaron a dar una vuelta al ruedo tras liquidar al cuarto con el que se había lucido con temple en series de muletazos largos. Sosegado el torero acertó a llevar sin excesivo sometimiento al astado que como mejor virtud tuvo la de de ir y venir. Algunos momentos del trasteo de Jesulín tuvieron buen son. Todo lo contrario que con el primero. Ni Janeiro ni el toro pararon los pies un instante. El negro con un molesto gazapeo y el de Ubrique probando, probando... El uno que no humillaba y el otro que no mandaba, la cosa no pudo resultar más desairada. Fue un mal comienzo de la tarde.

Barcelona

Monumental de Barcelona. Domingo, 15 de julio de 2007. Unos 10.000 espectadores. Se lidiaron toros de Valdefresno, desiguales de presentación dentro de la seriedad, bajó el 4º, bien armados. Mansearon en el caballo y se rajaron en el último tercio, si bien se movieron y mantuvieron el interés de la tarde.

Jesulín de Ubrique, de azul pavo y oro. Pinchazo (pitos). En el cuarto, pinchazo, estocada caída y descabello. Aviso (vuelta al ruedo).

El Cid, de grosella y oro. Cuatro pinchazos (silencio). En el quinto, estocada trasera (oreja).

Sebastián Castella, de azul marino y oro. Dos pinchazos, media estocada y descabello (ovación). En el sexto, seis pinchazos y media estocada. Aviso (palmas).