Simón Casas y El Juli
Simón Casas y El Juli - ABC

Casas, El Juli y el bombo de San Isidro

Antes de llamar a El Juli para que «sustituyera» a Ponce sin pasar por el bombo, Simón Casas se puso en contacto con el apoderado de Morante y Manzanares, fieles a su decisión primera, y ofreció una cuarta tarde a Roca, que declinó la propuesta

MadridActualizado:

Los carteles de San Isidro 2019 ya están en la calle. La fórmula que se vendió y prometió como la de la renovación, la sorpresa, la variedad, la de romper los moldes y la de la justicia, ha terminado -por avatares del destino y decisiones empresariales de última hora tras la lesión de Ponce- perdiendo muchos de sus argumentos al traicionar en el último minuto al propio formato del sorteo. Y lo escribe alguien a quien Simón Casas convenció en gran parte con su discurso revolucionario de la necesidad de cambio que vive la Fiesta. Porque, ciertamente, esa regeneración es vital.

El empresario de Las Ventas había subrayado a este medio que «si una figura no se apunta al bombo, no podrá matar esas ganaderías en San Isidro», incluso llegó a decir durante una conferencia en Toledo que «para hacer lo que yo hago hay que tener cojones» y que también tenían que tenerlos los que «se apuntan a él arriesgando su vida y poniéndola en manos de azar», en alusión al sorteo, a sus pros y sus contras.

No hay duda de que en el resultado final se han incumplido las expectativas. La feria, con las ausencias de Morante, Manzanares y El Juli por no aceptar las condiciones impuestas por el productor francés, se sujetaba sobre la piedra angular de Roca Rey, auténtico capitán del toreo por la demanda generada en taquilla y un rosario de triunfos incontestables, con el complemento de la eterna figura Enrique Ponce y el aderezo del triunvirato de triunfadores en Madrid, Sebastián Castella, Miguel Ángel Perera y Alberto López Simón, con el aval de sus 15 Puertas Grandes en la calle de Alcalá. Si a ese quinteto añadimos a los recientemente «consentidos» de la afición madrileña, como Paco Ureña, Diego Urdiales o Emilio de Justo, y a los jóvenes de mayor proyección como Ginés Marín o Álvaro Lorenzo, bien repartidos junto con otros meritorios y emergentes, dotaban al bombo y a la feria de un cierto sentido de justicia a pesar de lo insustituible de las ausencias. Hasta aquí todo transcurría por los cauces anunciados por Plaza 1 y el órdago planteado.

La Moncloa del Toreo

Pero la desgracia quiso que el maestro de Chiva cayera gravemente lesionado durante su segunda actuación en las Fallas de Valencia. No era de esperar, pero en una profesión de tanto riesgo los percances ocurren. Tocaba demostrar que Madrid es la Moncloa de la Tauromaquia y sacar un plan B consistente en vísperas de la gala de presentación oficial de la cartelería. No lo hubo.

Primero, se anunció un acuerdo de continuar con el contrato a dos meses vista de la primera actuación de Ponce em el abono, a pesar de que los pronósticos hablaban de un plazo mucho mayor (bien es cierto que al valenciano le hubiese encantado estar, al menos en la más lejana fecha de Beneficencia). Cuando algunas críticas bombardearon la estrategia, llegaron el nerviosismo, las prisas y, lo que es peor, la pérdida del discurso y donde dije digo, digo Diego. Adiós a su jugada maestra.

Según ha podido saber ABC, la primera puerta a la que tocó fue a la de Toño Matilla, representante de Morante y Manzanares, pero ambas figuras se mantuvieron en su idea primigenia, optaron por no traicionar su decisión y determinaron no acudir este año a Madrid tras mostrarse contrarios al bombo, por respeto a sí mismos y por respeto a los diez toreros que sí habían entrado en el bombo. También se ofreció una cuarta tarde a Roca Rey, ya de por sí con todo el peso de la feria, pero la propuesta fue descartada por Ramón Valencia. Incluso dicen que lanzó un globo sonda hacia una posible reaparición de Alejandro Talavante, que parece ser no fue considerada. Y la tarde/noche del jueves, a 24 horas de presentar los carteles, tuvo que llamar a Luis Manuel Lozano para intentar que El Juli «parcheara» este jardín de desventuras.

Finalmente, Simón Casas tuvo que aceptar las pretensiones del madrileño, que cuentan que ha subido al alza (y mucho) sus honorarios, para poder rematar la que se conoció como la «feria del bombo» y que ha terminado, en expresión de algunos aficionados, como «vaya bombo de feria, tanto bombo para que El Juli se lleve el platillo».

A raíz de la entrada de la figura madrileña en los carteles por la vía de la urgencia se han vertido ríos de tinta en la prensa y redes sociales sobre quién gana la batalla del pulso que desde principios de la temporada pasada vienen echando Simón y Luisma o Luisma y Simón.

En mi opinión, creo que no hay vencedores. Justo es reconocer que todo se produjo contra reloj, con la Comunidad de Madrid a la espera de los carteles y buscando alguna figura más-, pero al final Casas tuvo que pasar por el aro de lo exigido por el menor de los Lozano, aunque no menos cierto es que el maestro madrileño se ha tenido que anunciar con dos ganaderías que no hubiera pedido en una negociación abierta. Basta tirar de hemeroteca para ver que en los 20 años de alternativa de Julián López en Madrid nunca se anunció con Juan Pedro Domecq y solo los lejanos años 2009 y 2011 lo hizo con la corrida de Núñez del Cuvillo. Es decir, que podría decirse que uno ha cedido por el vil metal y el otro por el miedo escénico a una sangría de abonos y críticas (y más, con el añadido nada desdeñable de que Plaza 1 no puede explotar Las Ventas para espectáculos extrataurinos, que ahí se hallan las entrañas de la madre del cordero).

Preguntas

Lanzo varias preguntas: si a Ponce le hubiese tocado, pongamos, la de corrida Adolfo, ¿El Juli hubiera aceptado la «sustitución»? ¿Cómo le habrá sentado a Roca Rey su entrada después de que él, como mandamás actual con 21 años, aceptara el bombo? ¿Qué pensarán los demás toreros del bombo? Uno retirado, que prefiere no dar su nombre, me dice vía telefónica: «A mí me hubiese sentado como un tiro. Él traga con el bombo y El Juli pasa de bombo a bombón». La pela es la pela. Que no nos cuenten cuentos ni películas de salvadores.

Pues permítanme decir que para este viaje no hacía falta alforja alguna, pese a la intención primera, que acabó fracturándose. Al final, todo queda entre dos aguas -semibombo- y tal vez se haya perdido una oportunidad de oro para revitalizar la Fiesta. El sistema del sorteo acabó el día de la lotería, no de la de Navidad, sino la del día del padre. El «combate» figuras&Casas tiene un perdedor: la tauromaquia. Y tengo la sensación de que se ha perdido una oportunidad histórica de remover la Fiesta. Muy distinto hubiera sido que El Juli, una máxima figura que lleva toda una vida tirando del carro, hubiese entrado en los cuvillos de la Beneficencia (fuera del bombo) y en otra ganadería de las de fuera de dicho bombo. Así se hubiese mantenido lealtad a la filosofía de tal sorteo.

Solo queda esperar que los abonados renueven, los toros embistan, los toreros triunfen y esos triunfos arrastren un mayor público cada día. En manos de los jóvenes está aprovechar la oportunidad, dar un golpe y darse a conocer. Lo que no puede ser es que, como dice un amigo, sin un día deciden retirarse tres ases y otros dos están de baja, parezca avecinarse el apocalipsis con las decenas y decenas de toreros que hay. Aprieten, jóvenes, en sus manos está, aunque las figuras sean imprescindibles. Porque esa es aún la realidad. Pero todo tiene su tiempo. Algún día, no muy lejano, quizá los taurinos echen de menos no haber dialogado más y peleado (sin apenas diálogo) menos... Que Dios reparta suerte.

Posdata: yo renovaré mis abonos, tengo la fortuna de mantener viva la ilusión cada tarde como una noche de Reyes y ver un aliciente en cada cartel. Renovar o morir. Ojalá todos los abonados se animen. Por suerte, cada corrida, sigue siendo un misterio.