Caperucita Roja
Caperucita Roja

«Caperucita Roja», el toro feroz y el cuento del sexismo y el animalismo

Una escuela pública de Barcelona retira el clásico cuento

MadridActualizado:

Conozco, como la inmensa mayoría, el cuento de «Caperucita Roja» de arriba abajo. Aun así, esta mañana, camino de Las Ventas, me paré a revisarlo en una conocida librería de la calle de Alcalá. Nuestra niñez sigue habitando en ese bosque, en esa visita a la casa de la abuelita, en tiempos en los que los perros no ocupaban los sillones de los abuelos, ni eran abandonados a su suerte ni mucho menos maltratados en residencias. Eso, eso sí hay que condenarlo y castigarlo. Pero, no, ahora el problema es «Caperucita Roja», según la teoría y la práctica de una escuela ¡pública! de Barcelona. Señores prohibicionistas, hagan un favor a la infancia y a toda la sociedad: ¡váyanse a un bosque y no vuelvan! Convivan amigablemente con los animales de su especie y, ya de paso, si gustan, algún ganadero les envía un toro feroz como animal de compañía. O un dragón sin lanza que clavar para que no se ofendan los animalistas. Bienvenidos al ruedo del ridículo...

Las orejas del lobo (feroz)
Las orejas del lobo (feroz)

No se puede ser más necio que aquellos que vetan los clásicos cuentos de la niñez, transmitidos de generacion en generación. Santiago Abascal hacía alusión a ello con ironía, mientras lamentaba la «locura progre» con toda razón: «A una niña le mandan a hacer un recado y no al niño. ¡Y encima con falda y no con pantalones! Además, el animal es el malo, el lobo feroz, y a los animalistas también les molestaba, claro, no solo al feminismo supremacista...» A ello se suma el cazador, que es el salvador de Caperucita «en un alarde brutal de machismo, y encima mata animales, lo que indignaba a los animalistas». Y no dejó pasar la triste actualidad: «Encima va a ayudar a la abuela que está en casa y no la han mandado a una residencia...»

No quiero ni imaginar qué pasaría si «Los tres cerditos» se llamasen «Las tres cerditas» o «El patito feo» se titulase «La patita fea»... Visto lo que se avecina, más nos vale enfundarnos el disfraz de lobo de Caperucita (menos mal que era Roja y no Verde ni Azul): orejas y ojos grandes para escuchar y ver mejor. Y hermosa nariz (a lo Pinocho o Pinocha, como prefieran): se necesita olfato, sí, y mucho, porque apenas queda rastro del sentido del común.