«Buscatodo» no encuentra torero

ZABALA DE LA SERNA | ZARAGOZA
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El Cierzo no tiene entrada en la Misericordia de Zaragoza porque Arturo Beltrán se la quitó hace veinte años en punto con la cubierta. Hay un monumento de los toreros de Aragón al doctor Val-Carreres; existe una placa al viejo Zabala por su campaña en pro de la carpa móvil pionera en España; pero nada recuerda al señor Beltrán como verdadero protector de la feria del Pilar con su revolución. Entonces lo fue, y muy criticada por cierto. Ayer soplaba tal viento de los Pirineos que hubiera sido muy difícil ponerse delante. Igual hubiera sido una excusa a considerar para los diestros, que no encuentran ahora trinchera en la que protegerse: la corrida de Valdefresno los superó en sus diferentes registros. Quitando los dos malos primeros, uno de ellos sobrero, se les escapó vivita y coleando.

El quinto, bautizado como «Buscatodo», no encontró torero. Pedazo de toro. Tranco, ritmo, bravura, capacidad para humillar. Largo, negro, tocado arriba de pitones, generoso cuello, espléndida embestida. Antonio Barrera fue la velocidad del látigo destemplado, la atracción vertiginosa de los parques lúdicos de montañas rusas, rizos y curvas que te expulsan a la galaxia más lejana. El hombre queriendo ligar, el toro pidiendo mando. El barullo final, encimista, atropellado, horrible, de roblesinas y enganchones, terminó tardíamente con la espada, como los pechazos insurrectos del reserva anterior.

Serafín Marín venía del dolor de la muerte del padre, enlutado de brazalete y quizá de ánimo, que en principio no le falló con el capote volado. Pero tres desarmes en una faena desdicen mucho. Que aunque no terminaba de humillar el de Valdefresno, su buen viaje trazaba cuando le bajaba la mano y más se lo abría. Tampoco el liviano y estrecho sexto, de feos bultos en las caderas pero de suavona embestida, defraudó por su nobleza. Incluso mejor que el anterior. Marín quiso remontar sin conseguirlo. Dos toros de nota media para haber sellado la temporada al alza.

El Fundi, que ha cuajado una temporada importante, se alejó ayer de la maestría. El cuarto, un tío, estrecho de sienes, grande y bien hecho a la par, mereció otro trato. Fundi anduvo firme pero bruto, y el toro que embestía fuerte y franco se le remontó sin ser sometido. No hubo entente en una faena larga. Pared contra pared. La estocada pescuecera decantó la cosa. El manso y basturrón toro que inauguró la corrida apretó siempre hacia los adentros con la cara alta. José Pedro Prados se puso. En terrenos equivocados. Al final hasta cruzándose malamente y en apreturas.