Autonomías taurinas

ANDRÉS AMORÓS
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El comienzo de los festejos taurinos no debe hacernos olvidar la ofensiva contra la Fiesta en Cataluña, que comienza ya a extenderse a Galicia: una comunidad con menos afición histórica, a pesar de Ferias tan importantes como La Coruña y Pontevedra.

Tampoco comparto el optimismo de muchos: si los votos del tripartito y CiU imponen el doblaje en catalán, ¿por qué no van a apoyar la prohibición de algo tan español como los toros?

En esta España de las autonomías, deben hacer oír su voz las que están claramente a favor de la Fiesta. Ya han comenzado. En algunas, gobierna el PSOE: en Andalucía, el presidente Griñán ha recibido a una comisión de profesionales; en Castilla-La Mancha, la abundancia de toros en la televisión autonómica, rebajada ahora por la crisis económica, es el más claro testimonio de apoyo. En otras, como Castilla y León, gobierna el PP. Varias se han reunido en el Senado con representantes de la afición francesa.

Sería hora de que los dos grandes partidos se unieran en el apoyo decidido a los toros. No parece difícil conseguirlo en Comunidades como Madrid, Valencia, el País Vasco, Extremadura, Murcia, Navarra, Aragón... Podría ser un gesto simbólico de su presidente o una declaración formal de su parlamento. Y, si Zapatero parece poco aficionado, Rajoy podría también aquí apuntarse un tanto.

No tiene sentido, además, la proliferación de Reglamentos taurinos autonómicos, que llevarían al absurdo de que los matadores viajaran con su abogado y su biblioteca portátil: un disparate más de esta España... Los profesionales taurinos, con la imprescindible unidad, deben centrarse en estos terrenos. Si no, la piel de toro que siempre ha sido España puede quedar hecha jirones. Eso, más que tratar bien al animal, es lo que algunos buscan.