La cara del dolor de Paquirri camino de la enfermería de la plaza de Huesca
La cara del dolor de Paquirri camino de la enfermería de la plaza de Huesca - afp
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«Fue un milagro que Francisco Rivera llegara vivo a la enfermería»

El doctor Crespo, que operó al torero, ensalza su entereza ante el tremendo dolor que sufría y cuenta que pidió que llamaran a su mujer para tranquilizarla

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«Llegó a la enfermería con un gran shock traumático, preso de un intenso dolor provocado por la contusión en el plexo solar, y aún así pidió calma». El doctor Enrique Crespo, jefe del equipo médico de la enfermería de la plaza de toros de Huesca, relata a ABC cómo se vivieron en el quirófano las dos horas y media durante las que el torero fue intervenido.

«Llegó literalmente con las tripas fuera»

«Cuando vi la cogida no pensaba que fuera ni tan extensa ni en el abdomen, fue tremenda, pero creí que nos íbamos a encontrar una herida en la zona de la femoral, y lo que encontré fue que el torero llegó literalmente con las tripas fuera», afirma el doctor, que reconoce que un escalofrío le recorre el cuerpo al recordarlo. Y más cuando asegura que «pudo morir en el mismo ruedo, fue un milagro que llegara vivo a la enfermería», dice con la voz rota.

El pitón le provocó una gran herida, de un lado al otro del bajo vientre, unos 20 centímetros «que dejamos para al final porque había que explorar lo que el astifino pitón había provocado. La suerte, la mejor de la peor suerte estuvo con el torero. La arteria ilíaca contusionada, toda la masa intestinal, el colon y, lo más impactante fue comprobar la arteria aorta disecada en unos cinco centímetros y hasta una de las vértebras lumbares». No puede evitar pensar que un solo centímetro de rotura de la aorta hubiera ocasionado un fatal desenlace inmediato, en la misma arena.

Gran suerte

«Comprobamos que no había lesiones, lavamos una y otra vez la zona ya que nos encontramos cantidad de suciedad y cuerpos extraños, y cerramos. Una gran suerte, porque si bien la vida del torero no corrió peligro, ese peligro extremo estuvo en lo que pudo pasar en el ruedo y en lo que puede pasar a partir de ahora, porque hay que seguir siendo tremendamente cautelosos».

Enrique Crespo explica que las contusiones en las dos arterias pueden ocasionar el desprendimiento de alguna capa de las paredes y formar algún trombo, «si bien hasta el momento las pruebas que se le han hecho no evidencian nada en este sentido, no se puede cantar victoria hasta dentro de algunos días; como por las infecciones que pudieran aparecen, o el peligro de alguna isquemia con necrosis intestinal». De cualquier forma, el doctor prevé que si todo va bien, la recuperación será larga y dolorosa. «Creo que este año no podrá volver a torear».

«Ya me dijo mi madre que me dedicara a otra cosa», dijo al doctor

Pero de todo el proceso médico, lo que más le impactó al cirujano fue la serenidad del torero. «Cada vez que lo recuerdo me vuelven a la mente las imágenes de Paquirri en Pozoblanco». Pese al dolor que sufría «hasta bromeó: ya me dijo mi madre que me dedicara a otra cosa, nos dijo a los doctores», antes de ser anestesiado. Después de la intervención despertó muy bien y nos pidió hablar con su mujer para tranquilizarla». Y de la plaza a la UCI del hospital San Jorge de la capital oscense en donde pasó la noche «estable» dentro de la gravedad, que tardará en desaparecer.

Crespo fue a visitar al torero a primera hora de la mañana y lo encontró animado, le habían permitido hablar con familiares y con su cuadrilla, que junto con su apoderado José Cutiño, permanecieron a las puertas de la UCI. Sus más allegados decidieron trasladar al torero a la clínica Quirón de Zaragoza para ponerlo en manos del doctor Carlos Val-Carreres. «Es uno de mis referentes en cirugía taurina, junto con el doctor Vila y los desaparecidos Olsina y Crespo Neches, mi padre».

Con todo, este percance no ha sido el más grave de los atendidos por Crespo: «Mi trayectoria se basa en muchas plazas, en muchos festejos en la calle en donde han llegado cornadas mortales, y que hay que atender a mozos con las femorales rotas, y a todos hay que tratarlos como al maestro Rivera, son vidas que hay que salvar. Yo no soy cirujano taurino para estar en el callejón de una plaza de toros, la vocación esta por encima de todo».