Fernando Robleño remata el quite
Fernando Robleño remata el quite - PALOMA AGUILAR

Un ibán muy «Provechoso» en San Isidro

Bolívar no lo ve claro con el mejor lote y Robleño hace lo más meritorio de la tarde

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Comienza la última semana de la Feria, la llamada «torista». La afición agradece la variedad de encastes. Por «toreables» y «artistas» que puedan ser los domecqs, la repetición cansa; sobre todo, si lo que se repite es la nobleza claudicante. Ya lo puso Cervantes en boca del pícaro Pedro de Urdemalas: «Dicen que la variación /hace a la naturaleza, / colma de gusto y belleza / y está muy puesta en razón. / Un solo vestido cansa... / En fin, con la variedad, / se muda la voluntad / y el espíritu descansa».

La afición no puede olvidar aquel encastadísimo toro «Bastonito», de Baltasar Ibán, con el que estuvo heroico César Rincón. Los de esta tarde son encastados; varios, aplaudidos. Sobresale el tercero, un toro importante.

Fernando Robleño ha triunfado más de una vez en Las Ventas. En Gijón, le vi una de las mejores faenas de su vida. El primero es noble pero se apaga, le falta chispa. Dentro de una línea clásica, está muy torero; sobre todo, en una serie por la derecha, de mano baja. Entrando muy recto, buena estocada. La petición es insuficiente pero saluda. El cuarto prueba, tardea, pero, cuando embiste, va largo y noble. Robleño le da espacio, se muestra dominador, con oficio. Completa con una buena estocada una muy digna actuación.

Toros en Barcelona

¿Cuándo podrá volver a torear Serafín Marín en «su» Barcelona? El Tribunal Constitucional sigue sin resolver el recurso y Artur Mas sigue incumpliendo las decisiones judiciales. El segundo toro se duerme en el peto; al salir, como decían los revisteros, la sangre le llega a la pezuña. Humilla pero se apaga. Como el toro se para, los muletazos son de uno en uno y el diestro se queda descolocado; sólo al final logra una serie de naturales suaves. Mata pronto pero mal. El quinto, con dos «velas», embiste largo y fuerte; le pegan mucho en varas; espera y se duele en banderillas. Serafín intenta correr la mano pero no le encuentra la tecla; el toro se apaga y la gente se impacienta.

El momento culminante de la tarde se vive en el tercero, que embiste largo y bien. Le pegan muy poco en varas; saluda Raúl Adrada, con los palos. El comienzo de faena de Luis Bolívar es brillante, con un pase cambiado y cites de lejos. El toro va muy bien y con chispa, tiene casta, se come la muleta; cuando le llama de cerca, vuelve rápido, saca genio. La gente se ha puesto ya de parte del toro, que se ha hecho el amo. Falla con la espada. Lesionado el sexto, el sobrero de Torrealta, grandón, se deja, al comienzo, cuando Luis le da distancia; luego, embiste a media altura, va a peor, muy rebrincado. El público no ha estado esta tarde con Bolívar. Se deseaba, antes, tener un hijo «de provecho». En una corrida noble y encastada, sin ser un «Bastonito», el tercero de Ibán sí que ha sido muy «Provechoso».

Postdata. Cunde la alarma entre los taurinos sobre posibles riesgos para la Tauromaquia, derivados de los recientes resultados electorales. Quizá los profesionales del toreo comprendan que están indefensos, ante cualquier amenaza, por no haber sido capaces de unirse en un organismo común que los represente. ¿Serán capaces, ahora, de superar sus enfrentamientos para constituirlo? Si lo lograran, ¿no sería, ya, demasiado tarde? ¿No podrían seguir el ejemplo francés y olvidar, de momento, sus diferencias, para lograr que unos gestores eficaces pusieran en marcha ese organismo común, del que tanto depende el futuro de la Fiesta?