Domingo Valencia, en el momento del percance con el cuarto toro
Domingo Valencia, en el momento del percance con el cuarto toro - paloma aguilar

Los difíciles pactos del toreo

El banderillero Domingo Valencia sufre una grave cornada en la vigésima de San Isidro

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Después de tantas tardes en que han pasado muchas cosas, en ésta se tuerce el rumbo, hay pocas cosas lucidas que anotar. El público entra en la Plaza comentando la actualidad política, la búsqueda de pactos. En el toreo, también deben buscarse pactos de complicidad entre el toro y el torero, sin olvidar al público, pero los elementos de incertidumbre son tantos que lograr esos pactos puede ser todavía más difícil que en el laberinto político español.

Cumplen su segunda actuación, en la Feria, Urdiales, El Fandi y Fandiño. Ninguno de los tres cortó trofeos en la primera. Tampoco logran brillar esta tarde. Victoriano del Río es una de las ganaderías preferidas por las figuras pero, dentro del encaste Domecq, suele tener más fuerza y casta. Esta vez, ha predominado el genio complicado sobre la nobleza.

Esta temporada, por primera vez, Urdiales ha venido a San Isidro como figura. Una parte de la afición madrileña así lo ve: ha firmado un pacto con ellos pero debe confirmarlo. El primero acude de largo al caballo, en cuanto lo ve: se aplaude a Óscar Bernal. A la muleta llega reservón y con genio: embiste bien una vez y, la siguiente, se la quiere quitar. Diego se dobla, lo intenta y mata con habilidad. Ni toro ni torero han querido pactar. El cuarto, muy suelto, no se entrega. Al salir del caballo, arrolla y, en el suelo, hiere gravemente a Domingo Valencia, el tercero del Fandi: el Destino, en un toro que no era el suyo... Urdiales hace el esfuerzo pero el toro va a peor, embiste con brusquedad. El diestro se justifica con un arrimón que no es apreciado, no logra imponer su dominio. Con un enemigo tan complicado, no había manera de pactar, si no se buscaba la cornada.

El segundo es el toro más manejable, el que se presta más a un pacto aceptable. Luce El Fandi su profesionalidad en una larga de rodillas y en pares que tienen emoción, porque el toro galopa. La faena de muleta se inicia bien pero va a menos: surge la división de opiniones. El pacto ha durado sólo los dos primeros tercios. El quinto no cae simpático a nadie (se llama «Impuesto»): pega arreones, acude fuerte en banderillas, vuelve rápido. Fandila se dobla pero no sabe cómo llegar a un acuerdo de mínimos, corta pronto la negociación y escucha pitos. Era un pacto demasiado exigente...

Fandiño, únicos saludos

Fandiño tiene que recuperar el sitio que perdió la tarde de los seis toros. El tercero, levantado de pitones, casi alirado, va largo pero flaquea. Saluda Miguel Martín en banderillas. Comienza Iván con un farol de rodillas, intenta alargar las embestidas, saca algunos buenos naturales, deslucidos por las caídas, y mata con guapeza. El pacto lo ha hecho Fandiño consigo mismo, para salir de la depresión que siguió a su corrida de seis toros. El sexto es su última oportunidad para el pacto feliz: lo cuida en varas, brinda al público, aguanta en el muletazo cambiado pero el toro embiste desigual. No hay nada que hacer por la izquierda (no piensen mal, por favor). Y falla al matar. No se ha podido firmar nada concreto.

El público sale de la Plaza comentando las complicaciones de la corrida y comparándolas con las de la situación política. Me cuenta un vecino que, al decirle a un amigo que iba a los toros, éste, asustado, le ha advertido: «¡No lo digas, por Dios!» A esta disparatada situación estamos llegando.

Postdata. En la Tauromaquia clásica, el toro es un animal fiero, encastado, fuerte, poderoso, temible. Ahora, en la posmoderna, se suele buscar que sea un dócil colaborador, un «artista», que «se deje».

En la Tauromaquia clásica, la suerte de varas se considera esencial para medir la bravura del toro. Ahora, en la posmoderna, sólo se aplaude a los picadores, paradójicamente, cuando no pican. Por este camino, se va a su extinción.

En la Tauromaquia clásica, lo esencial es dominar al toro: «O mandas tú, o manda el toro». Ahora, predomina absolutamente la estética.

La Tauromaquia clásica tiene dos columnas: la verónica y el natural. Ahora, están de moda las chicuelinas, zapopinas, pares al violín, manoletinas, circulares invertidos...

La lidia clásica se basa en el sentido de la medida. Ahora, suele sonar un aviso antes de que el diestro coja la espada. En la lidia clásica, una gran estocada valía ya una oreja. Ahora, un bajonazo no impide que buena parte del público pida la oreja. ¿Puede firmarse un pacto entre la Tauromaquia clásica y la posmoderna? No parece fácil.