Manzanares sufrió una fea voltereta con el quinto toro
Manzanares sufrió una fea voltereta con el quinto toro - efe

Manzanares, el seductor de Sevilla

Pincha dos faenas y pierde la Puerta del Príncipe con una buena corrida de Cuvillo

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Manzanares pincha dos faenas y pierde la Puerta del Príncipe pero sella definitivamente su relación de amor con Sevilla. También la da en el último toro el joven Diego Galván. Reaparece Paquirri. Núñez del Cuvillo lidia una gran corrida, con nobleza y movilidad, sólo parcialmente aprovechada por los espadas.

El primer toro es noble pero justo de fuerzas y se apaga, quizá por lo mucho que sangra, después de varas. (Decía don Antonio Chacón, el gran cantaor: «Yo soy como los toros de Saltillo, que embisto mejor cuando me llega la sangre a la pezuña»). Paquirri se muestra muy tranquilo, con oficio pero el guiso tiene poca sal. El cuarto se duele en banderillas: el banderillero Juan García sufre una brecha en la frente. Brinda Francisco a su mujer: se dobla bien, se siente más torero; en el centro, corre la mano con templanza pero la faena no llega a remontar. En los dos ha estado muy certero con la espada.

David Galván tiene buenas maneras pero le tocan dos toros muy manejables y no triunfa. Brinda el tercero al cielo y a Manzanares. Tarda en acoplarse, se suceden los enganchones: le falta mandar más. Brinda el último al público, sufre una fuerte voltereta, se aplaude mucho el arrimón final. Falla con la espada pero le hacen dar la vuelta al ruedo.

La gente en pie

En el segundo, se aplaude a Chocolate, en varas, y a Curro Javier, magnífico siempre. Saludan en banderillas Rosa y Blázquez. Brinda Manzanares a los médicos: largos derechazos, preciosos cambios de mano, pases de pecho prolongadísimos, que ponen a la gente en pie. Pierde las orejas por pinchar, entrando desde demasiado lejos.

En el quinto, saluda Curro Javier. Manzanares dibuja el toreo, con estética impecable. Después de un remate, lo levanta por la pantorrilla, sin herirlo. Vuelve a enroscárselo a la cintura, con gran elegancia. Prueba a matar recibiendo (en la suerte contraria: ¿por qué?) y falla dos veces; al volapié, pinchazo y estocada. Ha vuelto a perder las orejas; en el conjunto de la tarde, la Puerta del Príncipe. Pero le despiden con una clamorosa vuelta al ruedo.

En la Plaza de Refinadores, una estatua recuerda a un mito, don Juan, «El burlador de Sevilla». Decía Ortega que, en España, para convencer hace falta, antes, seducir. Con su estética, Manzanares no es el burlador sino el seductor de Sevilla: seduce y convence. Pero ha de afilar su espada.

Posdata. El escritor galardonado con el último Premio Cervantes nos informa de que El Quijote se escribió contra los desahucios y la corrupción; poco le ha faltado para decir que Cervantes votaría a Podemos. Eso sucede por premiar a ciertos personajes. A los jurados que le eligieron cabría condenarles a leer íntegramente las obras del premiado... Ignacio Sánchez Mejías, en su conferencia de Nueva York, afirma que don Quijote era «el mejor torero español». En el capítulo 58 de la Segunda Parte, después de proclamar que «la libertad es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos», el caballero afronta valerosamente a unos toros, aunque le advierten de que le «harán pedazos»: «¡Para mí no hay toros que valgan, aunque sean de los más bravos que cría Jarama en sus riberas!» Evidentemente, todavía no se habían inventado los toros «toreables».