Frío debut de los miuras en Fallas
Fernando Robleño, en un pase de pecho - MIKEL PONCE

Frío debut de los miuras en Fallas

La terna solventa la papeleta con una complicada corrida

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Por raro que parezca, debutan los miuras en Fallas (en su larga historia, solo habían venido a la Feria de Julio). El resultado no es feliz: bien presentados, sin excesos, en la línea de la casa, pero muy complidados y difíciles, en una tarde gélida. Los tres matadores solventan la papeleta con dignidad; solo echo de menos una lidia a dos manos, a la antigua. Las mejores ovaciones se las llevan el picador Tito Sandoval y el banderillero David Adalid.

A Rafaelillo le tocan dos miuras complicados; menos mal que no tienen demasiada fuerza. El primero hace buena pelea en varas pero pronto se orienta, vuelve rápido. Trastea el diestro a la defensiva y lo caza con habilidad. Recibe de rodillas al cuarto, que queda corto y puntea. Rafaelillo aguanta arreones, le roba muletazos, se justifica y logra una gran estocada.

El segundo miura, de salida espectacular, flaquea demasiado y es devuelto. El sobrero de Valdefresno mansea pero embiste bonancible. Fernando Robleño se lo enrosca a la cintura en buenos muletazos, aprovechando la querencia a chiqueros, hasta que el toro se refugia en tablas y allí lo mata con habilidad. El quinto echa la cara por las nubes, desde banderillas; huye, barbeando tablas: ¡vaya prenda! La suerte suprema resulta muy difícil.

Javier Castaño ha cimetando su actual fama en su éxito al matar seis miuras y en la lidia completa que desarrolla, con su excelente cuadrilla. Lo muestran de nuevo en el tercero. Lo coloca el matador muy lejos, lo llama Tito Sandoval y se luce en tres puyazos. El banderillero David Adalid provoca la embestida, cuadra, levanta los brazos, clava certero, sale andando: grande y merecida ovación. Tantea Castaño por alto pero el toro protesta, se defiende. El sexto, muy largo, parece escurrido con 560 kilos, se derrumba después de varas. Vuelve a parear con brillantez Adalid. Castaño consiente, con buen oficio, a un toro que le busca por los dos lados. La espada parece ahora su punto flaco.