Hacer leña de la cubierta
La corona de la cubierta - efe

Hacer leña de la cubierta

Por culpa de esta chapuza ha quedado relegado en Las Ventas un proyecto que era perfectamente lógico y conveniente

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Un tratado español de «crotalogía» («arte de tocar las castañuelas») comienza con una frase que es compendio de sabiduría: «Se pueden tocar las castañuelas o no tocarlas, pero, si se tocan, deben tocarse bien».

Es aplicable este criterio a casi todas las esferas de la vida; también, al polémico tema de la cubierta para una Plaza de Toros: se puede cubrirla o no, pero, si se cubre, debe cubrirse bien. Lo que no es aceptable es decidir hacerlo y que, a los dos días, el enorme suflé se venga abajo.

Aunque no sea un árbol, es muy fácil hacer leña de una cubierta caída. Con su habitual sutileza, se ha apresurado Tomás Gómez a echar la culpa de este fallo —como siempre— al PP. No ha llegado a mencionar como culpables a José María Aznar y la guerra de Irak: quizá no tarde mucho en hacerlo...

Responsable, la constructora

La decisión de cubrir Las Ventas es discutible, por supuesto. (La cubierta no afecta a lo esencial de la Fiesta, que es el toro bravo, encastado. Tan buen aficionado —disculpen la obviedad— puede ser un partidario de la cubierta como un enemigo de ella). No se debe mezclar todo esto con la forma de realizar el proyecto: ha resultado ser una chapuza lamentable. La responsabilidad, por supuesto, es de la empresa constructora (y, también, de los que debían supervisar la obra). Pero éste no es un tema taurino. Igual de lamentable sería si se hubiera venido abajo la cubierta de un estadio de fútbol o de cualquier otro recinto público.

Sugerir supuestos castigos divinos por esa decisión pertenece al pensamiento mágico, no al lógico y racional. Entre otras cosas, el ejemplo de varias Plazas españolas demuestra de sobra que es algo perfectamente posible.

Salvo la ausencia de víctimas, ha sido un episodio muy penoso. No lo agravemos tomando el rábano por las hojas. Los profesionales y aficionados taurinos tienen un motivo más para lamentarlo: por culpa de esta inmensa chapuza, ha quedado relegado un proyecto que era perfectamente lógico y conveniente; eso sí, haciéndolo bien, como ya predicaba, en el siglo XVIII, el viejo tratado de crotalogía.