Y hacer una gran comedia, tampoco

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E. R. MARCHANTE

Nancy Meyers es a la comedia blanca algo así como los hermanos Farrelly a la comedia guarra o Jackie Chang a la comedia de guantazos. Su mundo («Tú a Londres, yo a California», «¿En qué piensan las mujeres?», «Cuando menos te lo esperas»...) es cercano y comprensible, aunque contenga altas dosis de cinismo y aspereza. Aquí parte de una idea brillante y provocadora: tras un divorcio aniquilador y tras diez años de frustración, guerra y bromas crueles hacia la nueva pareja de su ex marido -un tigre de bengala con la forma de una ondulante jovencita-, se convierte en su amante, a espaldas de los hijos de ambos...

Comedia, pues, de situaciones, aunque el guión repite la misma una y otra vez (ella y él discuten sobre la pertinencia de su nueva relación). Y comedia, pues, de actores, aunque sea la actriz la que concentre al cien por cien el foco de la función. A Meryl Streep no se le ha escapado un plano en las últimas tres décadas, pero aquí se lo ponen fácil ellos, Alec Baldwyn, al que nadie confundiría con Cary Grant en «Historias de Filadelfia», y Steve Martin, que se ha tragado el palo de la escoba.