Gema Matarranz y Alejandro Vega
Gema Matarranz y Alejandro Vega - Gerardo Sanz

Un volcán en erupción

Actualizado:«Lorca, la correspondencia privada» Teatro Lara, Madrid

La palabra de Federico García Lorca es un volcán en permanente erupción, las contínuas oleadas de un océano inabarcable. Solo así se explica que, más de setenta años después de su muerte, sus textos sigan ejerciendo semejante fascinación y que puedan, pasado este tiempo, ofrecer rincones nuevos a los que asomarse. En uno de ellos ha buceado el director y dramaturgo Juan Carlos Rubio para poner en pie este espectáculo: «Lorca, la correspondencia personal». La base de este espectáculo -«un puzle sin complejos», según el mismo Rubio lo define- son las cartas del poeta granadino: «tristes, burlonas, irónicas, teatrales, surrealistas y de un realismo hiriente y fascinante».

Con ellas -y con significativos pedazos de obras y poemarios como «Comedia sin título» o «El público» y «Poeta en Nueva York»- ha creado Rubio su espectáculo, en el que García Lorca se expresa desdoblado en actor y actriz, que nos lleva, en un limbo temporal. El credo teatral lorquiano -«el poeta, con todos sus cinco sentidos en perfecto estado de salud, va a tener, no el gusto, sino el sentimiento de enseñaros esta noche un pequeño rincón de realidad»- es el pórtico para un juego teatral por momentos hipnótico, apabullante; unos fuegos artificiales acomodados tras las explosivamente sugerentes imágenes de Lorca, tras sus metáforas imposibles y sus coloridos lienzos de palabra.

Precisamente este espectáculo es una fiesta de la palabra a través de la que Lorca se da a conocer y de la que se da a conocer a Lorca. Una hermosa y polivalente escenografía de Curt Allen Wilmer -el escenario, al principio, reproduce un apolillado decorado, que «los» Lorca transforman, como el poeta hizo con el teatro de la época- envuelve una función hermosa, viva, luminosa, subida a lomos del corcel brioso y sereno del verbo del poeta granadino. Gema Matarranz y Alejandro Vega aceptan el reto propuesto por el director y siguen el ritmo de un espectáculo que es una verdadera joya.