Vietnam, cine y horror
Otro gran director que aportó su visión de la guerra fue Stanley Kubrick en «La chaqueta metálica» /ABC

Vietnam, cine y horror

FEDERICO MARÍN BELLÓN
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La primera película oficiosa sobre la guerra de Vietnam es «Boinas verdes», dirigida en 1968 por John Wayne, que aportó la ideología, y por Ray Kellogg, que puso la fibra. Decir que era propagandística es quedarse corto, porque la podría haber firmado Donald Rumsfeld. Al protagonista de «La diligencia» le valió para abortar su carrera como director, estrenada en «El Álamo». Aquel mismo año, Brian de Palma se rió a gusto de los sesenta en «Greetings», con Robert de Niro al frente del reparto, aunque su mirada hacia el tema que nos ocupa es demasiado oblicua.

Después de estas dos comedias (no siempre voluntarias), es imposible no destacar «MASH» (1970), de Robert Altman, situada en Corea para paliar su efecto corrosivo, pero instalada en el corazón vietnamita. El primer gran golpe dramático lo dio Michael Cimino con «El cazador» (1978), brillantísimo filme (en realidad son dos, cosidos con hilos de sangre) con unas manitas de ruleta rusa entre Walken y el ubicuo De Niro que constituyen uno de los momentos cumbre de la historia del cine. Con este título se sentaron las bases de lo que sería el cine sobre esta guerra, obsesionado, como se verá, con la idea de la vuelta al hogar. De aquel año es también «Nieve que quema», sobre un fotógrafo de guerra que trafica con drogas. Hal Ashby prefirió retratar la guerra desde la retaguardia en «Volver a casa», con un brillante y rebelde reparto (Jane Fonda, Jon Voight, Bruce Dern y Robert Carradine), pero fue Coppola quien asestó la segunda puñalada al conflicto y se adentró en el corazón de las tinieblas con «Apocalypse Now», redux o no redux.

Ex combatientes y sus secuelas

Con el paso de los años, empezó la moda de las películas sobre ex combatientes, con sus traumas y fantasmas interiores. El más conocido es quizá el John Rambo de «Acorralado» (1982), cuyas secuelas carecen de interés, más allá de saber, por ejemplo, que James Cameron colaboró en el guión de «Rambo». De vuelta a la comedia, en «¿Dónde dices que vas?» (1985) un Kevin Costner a punto de partir al frente decide despedirse a lo grande. El título original, «Fandango», es casi lo más brillante.

Oliver Stone mostró su mejor cara un año después con «Platoon», que triunfó en los Oscar y arrasó en taquilla. Stanley Kubrick se adentró en la refriega con «La chaqueta metálica», no tan antibelicista como «Senderos de gloria», rodada treinta años antes. Y por si quedaba algo que decir, Coppola dirigió en 1987 la decepcionante «Jardines de piedra». su regreso al apocalipsis para mostrar la otra cara de la luna y reconciliarse con los militares.

Nos zamparemos en cuatro palabras «La colina de la hamburguesa» (1987), por su exceso de «ketchup», para detenernos en «Good morning, Vietnam», de Barry Levinson, que destaca por las muecas de Robin Williams, el homenaje a la radio y la obligatoria banda sonora de postín. Poco después llegaría «Bat 21», de Peter Markle, en la que el coronel Gene Hackman queda atrapado en Vietnam.

Como Coppola, Stone regresaría al campo de batalla con «Nacido el 4 de julio», con un Tom Cruise (nacido el 3) esforzadísimo. El padre de Suri daba vida a un veterano paralizado de alma para abajo. Otro que volvería al barro sería Brian de Palma con «Corazones de hierro», sobre el infierno que vive una nativa secuestrada por un grupo de soldados, algo que después de Irak ya no parece descabellado. Aunque para barbaridades verosímiles, los jueguecitos de los pilotos Mel Gibson y Robert Downey Jr. (todavía blanco) en «Air América» sirven para recordar que lo de los vuelos secretos de la CIA no es un invento reciente. En el envés de este filme, John Milius huele a propaganda en «El vuelo del Intruder». Terminamos este repaso con «El americano impasible», interesante adaptación, que ya intentó Mankiewicz, de la novela de Graham Greene.

Por rematar la faena, recordemos a algunos ex combatiente, más o menos sonados, entre los cuales Robert de Niro sería el rey, no sólo por la parte que le toca en «El cazador», sino por «Taxi driver» y la menos conocida sátira «Hola, mamá». En «Bienvenido a casa», Kris Kristoferson es dado por muerto y se encuentra a su mujer casada con otro. Algo parecido le ocurría a Bruce Dern en «El regreso», en la que hallaba a Jane Fonda enamorada del parapléjico Jon Voight. A Rutger Hauer, en cambio, le daba por los samuráis en «Furia ciega» y Viggo Mortensen canalizaba su furia como policía en «Extraño vínculo de sangre», debut de Sean Penn como realizador. Otros resentidos a los que cabe recordar son Kevin Costner en «La guerra», Kenry Winkler, que sueña con hacerse rico en una granja de gusanos en «Tan sólo héroes», y Matthew Modine convertido poco menos que en pajarraco en «Birdy». Tommy Lee Jones sembraba el pánico en «Asalto en Central Park» y a Tim Robbins le habían dejado la quijotera hecha unos zorros en «La escalera de Jacob». Con Mel Gibson como taxista paranoico (o perspicaz, que diría Woody Allen) en «Conspiración», el más sereno, pese a todo, es el Bruce Willis de «Recuerdos de guerra».

Terminamos con tres títulos muy diversos: En «El cielo y la tierra», del obseso Stone, era una muchacha vietnamita quien sufría la difícil adaptación posbélica. «Camino a la guerra», que cerraba la modélica carrera de Frankenheimer, se centraba en los años más difíciles del ex presidente Johnson. El musical «Hair»; por último, daba cuenta del desmadre prebélico. Forman muestra a un joven que, a punto de alistarse, se topa con unos «hippies». Ya saben, hagan el amor y no la guerra.