Ana Belén, durante su interpretación de «España, camisa blanca de mi esperanza»
Ana Belén, durante su interpretación de «España, camisa blanca de mi esperanza» - Alberno Nevado

Versos y palabras colorean el bicentenario del Museo del Prado

La Compañía Nacional de Teatro Clásico se suma a las celebraciones de la pinacoteca con un singular y emocionante espectáculo

MadridActualizado:

«Yo, después de la evacuación de Las Meninas, ya no quise volver por el Museo del Prado». Estas palabras de Rafael Alberti, escritas en un artículo publicado en 1937 en «El mono azul», pusieron el punto final al hermoso acto celebrado ayer en el teatro de La Comedia bajo el título «Ecos del Prado», con el que la Compañía Nacional de Teatro Clásico se sumaba a las celebraciones del bicentenario del Museo del Prado. Versos y palabras fueron ayer las que colorearon los lienzos en un puñado de voces verdaderamente extraordinario: Mario Gas, Josep Maria Flotats, Blanca Portillo, José María Pou, Aitana Sánchez-Gijón, Verónica Forqué, Emilio Gutiérrez Caba, Gonzalo de Castro, Vicky Peña, Manuela Velasco, José Luis Gómez y Ana Belén.

La idea de este espectáculo único partió de Fernanda Andura y Francisco Pena, dos valiosos y generalmente anónimos elementos de la CNTC. Se trataba, como explica Helena Pimenta, directora de la compañía, en el lujoso programa del acto, «de fomentar el incesante diálogo entre disciplinas y épocas que va trazando el viaje común de la pintura, la poesía y el teatro a lo largo de los siglos».

Este diálogo entre pintura y palabra arrancó con «Las meninas», un cuadro que tiene en su composición estructura teatral. Mario Gas recordó la obra de Antonio Buero Vallejo «Las meninas» y señalaba, además, a Velázquez en este cuadro como un director de escena.

Josep Maria Flotats unió el escalofriante cuadro de Sandro Botticelli «Escenas de la vida de Nastagio degli Onesti» al fragmento del «Decameron» de Boccaccio que recrea la historia contada en el cuadro. Blanca Portillo recordó su memorable interpretación del Segismundo de «La vida es sueño», de Calderón. Enlazado, el cuadro de Matías Moreno González «Los dos sueños». También Nuria Espert retomó un texto que puso en pie hace unos años, «La violación de Lucrecia» de Shakespeare -fue conmovedor volver a escucharla en la escena de la violación-, con «La muerte de Lucrecia», de Eduardo Rosales, como fondo.

José María Pou interpretó dos fragmentos del Quijote enmarcados en imágenes alusivas al libro cervantino, como «Cervantes y sus modelos», de Ángel Lizcano Monedero. «El cardenal», de Rafael Sanzio, fue el fondo para la lectura de un fragmento de «La Regenta», de Clarín, por parte de Aitana Sánchez-Gijón (recordando su interpretación televisiva de hace unos años). Verónica Forqué emocionó con la lorquiana «Doña Rosita la Soltera» (también ella volvía al personaje), enmarcada por «Antes de la boda», de Antonio Muñoz Degrain. Emilio Gutiérrez Caba unió a Goya («El aquelarre o el gran cabrón») con Valle-Inclán, recordado en la entrevista que Gregorio Martínez Sierra publicó en ABC en 1928. El veterano actor fue Latino de Hispalis en el fragmento de «Luces de Bohemia» en el que Gonzalo de Castro fue Max Estrella (personaje que encarnó hace un tiempo en el María Guerrero».

Vicky Peña leyó un fragmento de «Clytemnestre ou le crime», de Margueritte Yourcenar, con «El incendio de Troya», de Francisco Collantes como fondo; Manuela Velasco sustituyó a su tía, Concha Velasco, en «Reina Juana», de Ernesto Caballero, acompañando la imagen de «Doña Juana la Loca», de Francisco Pradilla y Ortiz; y José Luis Gómez vistió su voz con los quiebros de Rafael Alberti, del que recitó «El bosco»; lógicamente, ilustraba el momento «El jardín de las delicias». Ana Belén, por fin, cantó acompañada al piano por su hijo, David San José, «España, camisa blanca de mi esperanza», con «Los fusilamientos del 3 de mayo», de Goya; antes de que todos recrearan el artículo antes citado, en el que Rafael Alberti narró la evacuación a Valencia, en 1937, de varios tesoros artísticos del Prado.