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Una escena de «El tratamiento» - Vanessa Rabade
CRÍTICA DE TEATRO

«El tratamiento»: De película

Pablo Remón es el autor y director de esta obra, que se presenta en El Pavón Teatro Kamikaze

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Pablo Remón (Madrid, 1977) alterna la escritura y la dirección de cine y teatro. Junto con su hermano Daniel firmó una obra tremenda, «Muladar», que obtuvo en 2014 el premio Lope de Vega de Teatro y sigue, salvo error, sin estrenar, instalada en el anaquel polvoriento de los títulos galardonados que no han recibido el salvoconducto a los escenarios. Como autor único ha estrenado y dirigido tres piezas estupendas, «La abducción de Luis Guzmán», «40 años de paz» y «Barbados, etcétera». Un par de los intérpretes de las dos primeras -Ana Alonso y Francisco Reyes- figuran también en el reparto de «El tratamiento», y Emilio Tomé trabaja en las cuatro. Para mayo se anuncia en los Teatros del Canal «Los mariachis» (con Reyes y Tomé, amén de Luis Bermejo e Israel Elejalde, en el apartado interpretativo). Devano esta retahíla para subrayar la progresiva, estimulante y coherente trayectoria de Remón desde que en 2012 estrenó «La abducción…».

«El tratamiento» -que hace referencia al término utilizado en cine para referirse al resumen de una futura película como paso previo al guión- es una muestra redonda de esa escritura teatral ágil, fluida, henchida de naturalidad hasta en los extrañamientos, con excelentes y divertidos diálogos, y en la que acción y pensamiento están empapados de narratividad. En el programa de mano de «40 años de paz» Remón incluía una frase de Borges: «Narramos mientras somos narrados». Los diversos personajes de esta formidable función ejercen con frecuencia de narradores de lo que sucede, ofreciendo así dos lonchas de la misma verdad escénica: lo que el público ve y lo que le cuentan. Un sugestivo ejercicio de acotación, reflexión, evocación y a veces anticipación.

El autor utiliza su experiencia como guionista y coordinador de la Diplomatura de Guión en la Escuela de Cine de la Comunidad de Madrid (ECAM) para desarrollar su personal «Ocho y medio» en el que no sé si hay voluntad de homenaje a Fellini. Martín, el protagonista, es un aburrido docente y guionista sin éxito en el que me parece intuir el eco de un particular Antoine Doinel (disculpen tanta referencia fílmica, pero es que esta es una comedia sobre el mundo del cine). Su intento de colocar un guion sobre la Guerra Civil le pone en contacto con la peculiar fauna de la industria cinematográfica retratada con tanta gracia como intención cáustica, y enfrenta su afán de insobornabilidad creativa con sus ansias de fama y dinero.

Remón dirige su obra tan fluidamente como está escrita, con la complicidad de un grupo de ajustadísimos actores: Francesco Carril compone un entrañable y torpe Martín, mientras que Ana Alonso, Bárbara Lennie, Francisco Reyes y Emilio Tomé se multiplican maravillosamente en diversos papeles. Inspirada también la escenografía de Monica Boromello.

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