Ana Torrent y Carmelo Gómez, en una escena de «Todas las noches de un día»
Ana Torrent y Carmelo Gómez, en una escena de «Todas las noches de un día» - Nacho González Oramas

«Todas las noches de un día», cuando los recuerdos están más vivos que el presente

Carmelo Gómez y Ana Torrent interpretan la obra de Alberto Conejero dirigida por Luis Luque

Madrid Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

Como a una novia indecisa, Luis Luque ha rondado durante muchos años a «Todas las noches de un día», un texto de Alberto Conejero que conoció incluso cuando era tan solo un puñado de monólogos todavía sin conformar. «Era un proyecto soñado desde que Alberto me diera a leer unas hojas que me dio a leer Alberto; han pasado muchos años desde entonces, muchos actores y actrices han conocido el texto y éste ha ido evolucionando hasta convertirse en la obra que es hoy. Los personajes han crecido y se han transformado, incluso han cambiado de nombre».

Ana Torrent y Carmelo Gómez encarnan a Silvia y Samuel, los protagonistas de esta historia que en un principio bebía de la lorquiana «Doña Rosita la soltera». «Es la raíz del personaje de Silvia, pero ya no tiene que ver», dice Luque. Sí son, dice, dos personajes en soledad. «Es la historia de un jardinero -narra- y de la señora de la casa donde trabaja. La acción transcurre en un invernadero de una casa señorial, antigua, donde se han quedado los recuerdos y las vidas de los dos atrapadas. Es un “melodrama policíaco”; hay enigmas sin resolver. Es una historia en la que los recuerdos están más vivos que el presente».

Pero ante todo, «Todas las noches de un día» -que estará del 21 de noviembre al 6 de enero en el Teatro Bellas Artes de Madrid- es, dice Luque, una historia de amor. «Pero no es una historia romántica; el amor no está sublimado, sino vivido y llorado. Es una historia sobre el recuerdo, sobre el suicidio, sobre el daño que somos capaces de hacernos».

Duda Luis Luque cuando se le pregunta si Silvia y Samuel son dos personajes vitales o crepusculares. «Mmmmm... No lo sé; son crepusculares, porque tienen algo de historia pretérita y por terminar. Se habla de un tiempo que se acaba y empieza a otro. Son vitales también por eso mismo. Pero solo vemos el tiempo que se está acabando».

Dice el director que la obra tiene un lado de thriller, pero en esta obra es únicamente un vehículo, el esqueleto sobre el que se sustenta la carne de la función, que está llena, como todos los textos de Alberto Conejero, de poesía. «La poesía está en los lugares y en los momentos más cotidianos de nuestra vida; tenemos que rescatar esta idea. La poesía puede estar haciendo unas lentejas. No hay que tenerle miedo; a veces se la relaciona con el aburrimiento o con un espacio exclusivo de una élite cultural o alguien muy acostumbrado a leer este tipo de literatura, pero la poesía de Alberto Conejero, como la de nuestros dramaturgos, es accesible, vital, divertida. Está llena del día a día y del cotidiano. Por eso digo siempre que Alberto es un poeta de la tierra, un poeta popular que da luz y belleza al pueblo».