El teatro del azar
Blanca Portillo en el papel de Hamlet /ABC

El teatro del azar

JUAN IGNACIO GARCIA GARZON
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Sobre el escenario pasan cosas al margen de lo representado. Sucesos inesperados, fallos imprevistos que los actores deben solventar al vuelo. Cuestión de recursos escénicos, el arte de la improvisación. Verbigracia: un profesor de literatura me contó que en una representación del «Tenorio», cuando don Juan se enfrenta a don Luis Mejía y don Gonzalo de Ulloa, y debe despachar a este último de un tiro, la pistola se negó a funcionar; intentó el Burlador sacar la espada, y nada, se había atascado en la vaina; así que el actor, hombre de imaginación, dio un par de puntapiés al comendador mientras exclamaba: «¡Menos mal que llevaba las botas envenenadas!».

Seguramente Helio Pedregal no calzaba borceguíes letales en una de las representaciones de «La Malquerida» (director: Miguel Narros, Teatro Español, 1988). El caso es que debía disparar una escopeta y el artefacto permanecía mudo. Sin perder la compostura, Pedregal se dirigió al público: «Señoras y señores, como ustedes sabrán ahora debía de sonar un tiro, pero el arma no funciona, así que: ¡Pum!». Y la función prosiguió entre los aplasusos del respetable.

¿ Y si el arma en cuestión ha desaparecido? En el «Hamlet» montado por Tomaz Pandur, Blanca Portillo era el príncipe danés y se cargaba a Polonio ante la reina Gertrudis con una pistola en vez de la tradicional espada. «En el momento oportuno -relata la actriz-, hago ademán de sacar el arma y no está. Tras unos segundos eternos, pensé que me la había dejado dentro. Corrí a buscarla entre cajas mientras desde el escenario Susi Sánchez (Gertrudis) decía: «¿Adónde vas, hijo? Tu pistola está aquí». Volví a entrar a todo meter y vi que se me había caído encima de unas tumbonas de la escenografía. Mi madre me entregó el arma y pude matar a Polonio. Nadie del público se enteró, creo. Esos instantes fueron los más largos de mi vida».