Aspecto del interior de la Staatsoper de Berlín
Aspecto del interior de la Staatsoper de Berlín - Marion Schöne

La Staatsoper de Berlín reabrirá sus puertas el 3 de octubre

El coliseo del paseo Unter den Linden de la capital alemana ha hecho una extensa reforma para mejorar la acústica

Corresponsal en BerlínActualizado:

«Ahora podremos medirnos con La Scala», presume la responsable del Senado de Berlín, Regula Lüscher, avanzando que la remodelación de la cúpula de la Staatsoper de Berlín, el emblemático edificio del paseo Unter den Linden, supondrá una considerable mejora de la acústica y situará la calidad de la ópera berlinesa a la altura de la de Milán.

El director general de la Staatsoper, Jürgem Flimm, anunció ayer que las obras estarán terminadas a finales de agosto y que, tras las necesarias revisiones y certificaciones de permiso, se celebrará un primer concierto inaugural el 3 de octubre, fiesta de la Reunificación Alemana, y la mudanza estará lista para el 7 de diciembre, fecha en la que la Staatsoper cumple 275 años.

La Staatsoper, durante las obras
La Staatsoper, durante las obras - ABC

La obra de ingeniería acústica ha requerido renunciar a parte de su aforo. La elevación del techo sobre el escenario diseñada por el estudio de arquitectos HG Merz aumentará capacidad acústica un 30 por ciento, de forma que la llamada resonancia musical pasará de 0,9 a 1,6 segundos, mientras que el número de butacas bajará desde las 1.396 que había hasta las 1.335. Concretamente desaparecen plazas de escasa visibilidad y situadas a gran altura que apenas permitían contemplar el escenario pero que daban la oportunidad de observar al director trabajando en el foso de la orquesta, butacas baratas y muy buscadas por los estudiantes de dirección.

El techo interno de estuco ha sido elevado, además, unos cinco metros sobre su altura original, con lo que se gana un volumen de unos 9.500 metros cúbicos sobre el auditorio. Los laterales de este espacio han sido cubiertos con una rejilla blanca de cerámica de fosfato cocida especialmente para esta renovación en un horno belga y cada una de cuyas 26 partes ha costado 130.000 euros.

Para transportar las frágiles piezas hasta Berlín se ha diseñado un sistema de colchones de aire gracias al cual no ha habido que lamentar pérdidas. Detrás del enrejado queda además un espacio hueco que permite a los sonidos pasar sin quedarse adheridos, sino regresar tras haber rebotado en una pared de cartón-yeso de vuelta al auditorio.

Con todo ello se pretende adecuar la Staatsoper de Berlín a la competencia europea y acercarla a lo que para su director musical, el argentino-israelí Daniel Barenboim, habría sido el nivel óptimo de 2 segundos, de acuerdo al modelo de la Ópera de Oslo. Barenboim prefería una remodelación en profundidad del edificio, construido originalmente entre 1741 y 1743 por el arquitecto Georg Wenzeslau y arrasado por los bombardeos aliados de la II Guerra Mundial. Las autoridades de la República Democrática Alemana (RDA) lo reconstruyeron más o menos de acuerdo al original, un falso rococó de los años 50, que Barenboim hubiera preferido sustituir por una nueva imagen emblemática de la ciudad, pretendía una solución más rupturista, pero finalmente el alcalde-gobernador Klaus Wowereit impuso su tesis continuista, más acorde con el contexto, en el que se está reconstruyendo a pocos metros el Palacio Imperial de Berlín, y bastante más económica.

El presupuesto, sin embargo, no se ha ajustado a lo que Barenboim aprobó. Aquellos 239 millones superan ya los 400 y el plazo de entrega de la obra, prometido para 2013, terminará cumpliéndose el próximo otoño. En realidad se esperaba que toda la próxima temporada hubiese sido representada ya en casa, pero una última demora obligará a, después de la inauguración del 3 de octubre, volver a cerrar hasta diciembre. Flimm relacionó irónicamente a este último retraso resignándose a «la voluntad del Dios de la Construcción», a cuyos designios, dijo, parece estar supeditada la larga remodelación del edificio.

La responsable de Obras Públicas del gobierno regional berlinés, Katrin Lompscher, justificó por su parte que ese último paréntesis servirá para hacer pruebas de sonido y terminar de ajustar la remodelación, «por lo que servirá para seguir mejorando el proyecto». Por el momento, sus característicos asientos forrados con terciopelo rojo aparecen todavía forrados con mareas de plástico y los andamios siguen aferrados a las paredes en las que domina, como antaño, el beige y el color rosa palo, con los que el diseño pretende dar al espectador la impresión de que se encuentra en el teatro original.

El Teatro Schiller, que durante estos años ha servido de vivienda provisional a los artistas y al público de la Staatsoper, se prepara lentamente para la despedida.