Josep Maria Flotats
Josep Maria Flotats - Isabel Permuy

La situación del teatro en Cataluña: la opinión de tres figuras indiscutibles

Josep Maria Flotats, Mario Gas y Albert Boadella opinan sobre el clima politico, la caída de espectadores y la dimisión de Lluís Pasqual

MadridActualizado:

Josep Maria Flotats: «La situación no es serena»

Hace más de veinte años, Josep Maria Flotats fue ya víctima de las decisiones políticas; fue «defenestrado» -son sus propias palabras- como director del Teatre Nacional de Catalunya. «Entonces no habia redes sociales, pero se llegó a decir que me estaba haciendo en el propio teatro un piso y que estaba construyendo un helipuerto para mi helicóptero». Por eso siente como propia la situación de Lluís Pasqual, que ha tenido que dimitir después de que una actriz encendiera la mecha contra él precisamente en una de las redes sociales. «He vivido tensiones similares a lo largo de mi carrera, y no creo que sea tanto un problema del oficio como de nuestra propia civilización -dice el actor y director, que representa actualmente en el teatro Cofidis Alcázar la obra «Voltaire/Rousseau - La Disputa»-; es inaudito e incalificable que la denuncia en Facebook de una actriz y la posterior de un grupo anónimo de mujeres haya hinchado la bola hasta provocar la dimisión de Lluís; el ambiente era irrespirable».

En Cataluña se habla de «un cambio de paradigma» para justificar la necesidad del relevo de Pasqual (67 años) al frente del Teatre Lliure. «A los jóvenes hay que mimarlos y enseñarlos, pero no se puede guillotinar a los maestros; un teatro público es un barco enorme y hay que tener cierto oficio para dirigirlo. Parece que ahora para dirigir un teatro hay que ser mujer y joven, pero el talento no tiene que ver ni con el sexo, ni con la edad, ni mucho menos con la ideología».

En cuanto a la influencia del «procés» y de la situación política en la caída de espectadores, dice Flotats que «en Cataluña no se vive una situación serena; la gente está tal vez más pendiente de lo que va a pasar que de cosas como el teatro. Ya sabemos que muchos lo consideran lo “menos necesario”. Al margen de que, no nos olvidemos, hay mucha gente para la que la crisis no ha terminado; no han visto cambios».

Mario Gas: «El caso Lluís Pasqual me causa estupor»

A pesar de que haya dirigido durante varios años un emblema de Madrid, el Teatro Español -no son pocos los que le añoran-, Mario Gas nunca ha dejado Barcelona, donde reside actualmente. Sobre el descenso de recaudación y espectadores en Cataluña, dice que «las temporadas son aleatorias, como las cosechas y las añadas de los vinos. Habría que analizar la situación desde muchos puntos de vista. Desde mi experiencia, la vida en Barcelona es normal; hay quien tensa las cosas pero tanto desde un lado como desde el otro. Pero no diría yo que el clima sea irrespirable. Yo al menos no lo he vivido. Que la gente se puede retraer a la hora del teatro, es evidente que puede suceder».

Sobre el caso Lluís Pasqual, Mario Gas se repite, porque su opinión es pública y notoria. «Me casa estupor, estoy radicalmente en contra de los mecanismos que han llevado a su dimisión. No entiendo por qué una actriz ha tardado cuatro años en realizar la denuncia; los límites de la relación entre un director y los actores los han de acordar ellos, y si aquél los sobrepasa no hay que esperar un minuto en denunciarlo». No entiende Mario Gas la tibieza de algunos en este asunto, y concluye: «no se puede atropellar una trayectoria como la de Lluís sin datos objetivos ni pruebas». En cuanto al «tapón generacional» que algunos esgrimen como excusa para justificar la necesidad de que Pasqual dejara paso a otra persona más joven, dice: «quien sale perdiendo, finalmente, es la sociedad teatral barcelonesa».

Lo ha dicho muchas veces: «no soy nacionalista ni de un lado ni de otro; no siento las banderas». Pero, asegura, «he trabajado con Focus y con el Teatre La Gleva, y no he notado ningún aspecto coercitivo», ni cree Mario Gas que la situación y el «procés» «hayan incidido en la mayoría de los creadores».

Albert Boadella: «Éste es el gremio más libre que existe»

La pelea de Albert Boadella contra el nacionalismo y el independentismo viene de lejos. Cuando dirigía los Teatros del Canal, en Madrid, contaba que él prácticamente no pisaba la calle en Cataluña. Se bajaba del tren en la estación de Barcelona y cogía el coche hasta su casa en Jafre, la localidad gerundense en la que vive. Els Joglars dejó de trabajar en los teatros públicos catalanes porque les resultaba incómoda a los dirigentes políticos nacionalistas. No le extraña el caso de Lluís Pasqual. «Es una situación característica de nuestros tiempos, donde ser joven es el valor máximo de la vida. Que Pasqual sea un magnífico profesional reconocido internacionalmente, y que haya sido incluso el fundador del Lliure, no importa... Hay una serie de gente joven que quiere sacar el tapón de nosotros, los viejos, en la forma que sea y como sea. Eso es lo que le ha pasado a Lluís. Lo que pasa es que él es muy diplomático y creo que se ha amilanado un poco. Yo tuve en el Canal un conato similar; un grupo de mujeres me acusaba de no hacer suficiente teatro femenino -de autoras, directoras, etcétera-. Yo les envié una carta encabezada: “Estimadas caballeras”, en las que les recordaba que éste había sido siempre el gremio más libre que nunca ha existido, y donde siempre las mujeres y los hombres han sido tratados por igual; tanto moral como sexual como económicamente”. Y así les rebatía».