Una escena de «Un Réquiem alemán»
Una escena de «Un Réquiem alemán» - Gert Weigelt

«Un Réquiem alemán»: descalzos en escena

El Teatro Real inaugura su temporada de danza con el Ballet del Rin

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La danza se hace un hueco en el Teatro Real este fin de semana. El coliseo madrileño presenta al Ballet del Rin (Ballet am Rhien), que trae uno de sus más aplaudidos trabajos: «Un Réquiem alemán», sobre la partitura de Johannes Brahms. La coreografía es de Martin Schläper, director artístico de la compañía desde 2009. La Orquesta y Coros Titulares del Teatro Real, la soprano Adela Zaharia y el barítono Richard Sveda, bajo la dirección de Marc Piollet, servirán la partitura. La esenografía es de Florian Etti, los figurines de Catherine Voeffray y la iluminación de Volker Weinhart.

«Un Réquiem alemán» es una de las banderas del Ballet del Rin, compañía asentada en Düsseldorf y Duisburgo, y que dirige desde 2009 Martin Schläpfer; bajo su batuta, la compañía se ha transformado y al éxito popular se suma la consideración de compañía del año en Alemania los años 2013, 2014, 2015 y 2017 por parte de la revista «German tanz magazine». Compuesta por cuarenta y dos bailarines, la base de su trabajo es el ballet clásico, aunque su repertorio incluye creadores de épocas y estilos tan diferentes como Frederick Ashton, August Bournonville, Jerome Robbins, Trisha Brown, Merce Cunningham o Mark Morris.

«Un Réquiem alemán» se estrenó en 2011. Schläpfer asegura que ha querido destacar el carácter espiritual de la pieza, que no es un réquiem tradicional, pero que ha huido de cualquier declaración religiosa. «Es una coreografía sobre el ser humano, no es religiosa. Hoy en día las religiones son dogmáticas, y en esta pieza incido en las dudas y las preocupaciones del ser humano». La compañía explica que «la labor de Schläpfer se traduce en esta ocasión en un desafío artístico lleno de emotividad, donde el espectador, lejos de sumergirse en el oscurantismo habitual del réquiem católico, viaja hasta un estado de optimismo y humanidad que se refleja en las carreras y los pasos de las giuras sobre el escenario; pasos que alternan la suavidad y la calma con la velocidad y la trepidación, la lentitud con la celeridad. Los protagonistas, situados en dos planos diferentes (el coro y la orquesta en un nivel inferior, en el foso y los bailarines por encima de sus cabezas, evolucionando sobre el escenario), se articulan a través de la música, de la palabra y la danza».

Durante toda la coreografía los bailarines están descalzos. «Los pies desnudos son más frágiles, más expresivos -justifica el coreógrafo suizo-; son como las manos, incluso como el rostro: dicen cosas. Solo en el cuarto movimiento una de las bailarinas aparece con un pie descalzo y el otro calzado con una zapatilla de punta». No define Schläpfer su estilo, que se apuntala sin embargo en el denominado ballet neoclásico. «He querido que los bailarines tengan el corazón y la mente abiertos. Son individuos, y como tal los trato. Cada uno tiene su propia energía, y quiero que adecúen su movimiento a esta individualidad. No les pido que trabajen al unísono. En otros ballets sí pido mayor unidad, pero en esta obra no. La música produce arte y belleza, y ésta entra en la danza».

El escenario, en «Un Réquiem alemán», explica, es «un espacio vacío interminable. Puede recordar una catedral u otro recinto de características similares. El vestuario es al tiempo glamuroso y expuesto para los bailarines».