Federico García Lorca, retratado en 1930 por
Federico García Lorca, retratado en 1930 por

El proyecto de recrear «Comedia sin título», de Lorca, un reto envuelto en polémica

Varios artistas defienden la libertad del dramaturgo Alberto Conejero para recrear la obra del poeta

MadridActualizado:

El anuncio de que Alberto Conejero continuaría la escritura de «Comedia sin título», de Federico García Lorca, que quedó incompleta a la muerte del poeta granadino, ha provocado distintas reacciones, alguna de ella extemporánea, especialmente en las redes sociales. El propio dramaturgo se justificaba en su cuenta de Facebook diciendo que los titulares simplificaban la realidad. «Si en vez de anunciar que la “Comedia sin título” de FGL “ya tiene fin o que iba a terminarla” -escribió-, se hubiera escrito que preparo una dramaturgia que explora las zonas abocetadas pero no concluidas todo hubiera sido distinto. A estos titulares acude el cardumen anónimo (o no) de pirañismo consolador y ese rigor moral de sacristía macilenta (aun laica) por las vacas sagradas, lo intocable, etcétera. No creo yo que un dramaturgista de “Hamlet” o “La vida es sueño” se crea a la altura de Shakespeare o Calderón: sencillamente está sirviendo a su tiempo, a su impulso creativo y también a su creencia en el original. Y, por qué no, asumiendo su pequeñez ante estos pilares de lo humano».

Alberto Conejero no es el primer creador ni será el último que «recrea», «interpreta» o «reconstruye» una obra de arte, teatral o musical. En este campo, existen dos ejemplos muy destacados: Franz Xaver Süssmayr completó el «Réquiem» que Mozart dejó sin terminar, y Franco Alfano concluyó la ópera «Turandot», que Puccini estaba componiendo cuando murió. El compositor Alfredo Aracil asegura estar «a favor de la creación y del respeto por lo creado. Y que cada uno haga su propia recreación. Buena parte de la obra de Luciano Berio se basa en las reconstrucciones; a la vez que un gran compositor es un gran “reconstructor”. Completó incluso una décima sinfónía de Schubert». Y cita otro caso: «Stravinski orquestó unos madrigales de Carlo Gesualdo; el que quiera puede escuchar los originales o los arreglos de Stravinski». Asegura el músico estar siempre «a favor de la creación y del respeto a lo ya creado». Esa es, dice, la clave. «Porque por muchas intervenciones que se hagan, la obra original permanece inalterada. Es más delicada en este sentido la reconstrucción, por ejemplo de un castillo o de un palacio en ruinas».

En la misma línea de libertad creadora se manifiesta el dramaturgo José Luis Alonso de Santos, que apunta que hay un problema de lenguaje. «Una obra de arte no se puede completar; no es posible. Pero no existe, creo, un término apropiado para esta tarea: ¿versión? ¿reconstrucción? El lenguaje es corto. Yo escribí una versión de “Cásina”, una obra de Plauto que ha llegado a nuestros días incompleta. Lo que hice fue “mi” versión, no la completé porque, insisto, eso es imposible». La cuestión, dice el dramaturgo, es el límite. «¿Dónde está? Sobre eso es sobre lo que se puede debatir; pero que un creador como dramaturgo quiera hacer esa tarea, me parece muy bien. ¿Por qué no va a hacerlo?»

«A mí me parece una idea maravillosa y emocionante -asegura Miguel del Arco-; estoy deseando leerla». Y en los mismos términos se expresa Lluís Pasqual, perfecto conocedor de García Lorca (hace unos meses publicó un emocionante libro, «De la mano de Federico»): «A mí me parece fantástico -dice-; ni siquiera me parece algo comentable. Es la aventura de un autor, de un creador, y poco importa si le mueven el deseo, la intuición o la necesidad. En este caso, además, Alberto Conejero es un autor con un conocimiento profundo de García Lorca y una voz muy personal. Lo que haga será una obra propia de un creador a raíz de la obra de otro creador. Estoy deseando leerla».

Laura García Lorca, sobrina-nieta del poeta -y a quien Conejero le contó su proyecto hace tiempo-, añade que el dramaturgo le inspira plena confianza. «Estoy segura de que cualquier cosa que haga será respetuosa e inteligente. No tengo ninguna intranquilidad, porque él ha demostrado su amor a Lorca, y sé que no se va a querer aprovechar, como sí se ha hecho otras veces». Y añade Laura un elemento nuevo a la cuestión: la naturaleza del teatro. «El teatro es un medio abierto, no está fijado. Los textos lo están, pero una de las facetas más interesantes del teatro es que la obra está viva».Y cita un ejemplo: la versión de «La casa de Bernarda Alba» que hicieron hace unos años las gitanas de El Vacie, con dirección de Pepa Gamboa. Apenas había un par de páginas de Lorca en el montaje, pero estaba en él toda su esencia.

Abunda en ello Miguel del Arco. «Lorca era un hombre de teatro, que es un arte siempre en revisión. La historia de la escritura teatral es también la historia de la reescritura teatral». «¿Qué otra cosa hizo Shakespeare», completa Pasqual.

Los dos directores citan también ejemplos del mundo del arte para hablar de la inspiración entre creadores. Del Arco recuerda las versiones de «Las Meninas» que hizo Pablo Picasso. «Ninguna está pintada sobre el lienzo de Velázquez; no ha tocado la obra de arte original. Y Alberto tampoco tocará el texto que dejó García Lorca». Pasqual, por su parte, se refiere a otra de las obras del pintor sevillano, «Retrato de Inocencio X», y las versiones que realizó Francis Bacon.

Alberto Conejero escribió hace un par de días en su perfil de Facebook un texto en que se quejaba de recibir insultos «hasta un asomo de amenaza». «Por eso me he decidido a escribir, aunque estoy bien tranquilo», observaba el dramaturgo. Quienes lo hacían, seguía, «observarán con horror las “Cuatro estaciones” de Vivaldi recompuestas por Max Richter o el montaje de “El príncipe constante” de Grotowski... Quien quiera acudir a los originales, allí los tiene. Lo mismo con la “Comedia sin título”. Nada de lo que haga yo la va a ensombrecer o dañar, no tengo esa capacidad. Por cierto, no es la primera ni será la última dramaturgia de este texto. La afirmación de que voy a destruirla es sencillamente desconocer la historia del teatro».

De las redes sociales hablan también Miguel del Arco y Lluís Pasqual. «En ellas se observa mucha cobardía, brutalidad y crispación», dice el primero. «Todas las opiniones son planas y parece que tienen el mismo valor -añade el director catalán-. Y las cosas no son así».