Profundidad y belleza

Actualizado:«El idiota»Teatro María Guerrero

Grande, soberbio, este «Idiota» dirigido por Gerardo Vera posee ese universo realista y turbulento, espiritual y morboso que son el documento de identidad literaria de Dostoievski. Como una de esas obras llamadas a emocionarnos al mostrarnos las luces y las sombras que hay dentro de nosotros, Gerardo Vera pone sobre las tablas un mundo, el de la ambición y el de la bondad, el de la obsesión y el de la pasión. Personajes arrastrados por fuerzas incontrolables, vidas que se truncan en los trenes, en los salones del destino, matrimonios imposibles porque los sentimientos siempre andan desorientados. El artefacto creado por Gerardo Vera nos va dejando sin aliento en la medida en que las dimensiones de este infierno se van haciendo mayores, en la medida en que el gusano de un argumento implacable, adaptado por José Luis Collado, va royendo cada vida, cada sueño.

Todo está perfectamente conseguido aquí, bellamente creado. La escenografía es sobrecogedora, la música subraya y crea espacios altamente emocionales, la iluminación sobredimensiona las atmósferas y consigue momentos de honda plasticidad, la propuesta audiovisual, con esos retratos inspirados en Lucien Freud, influyen en una propuesta donde unos recursos dramatúrgicos contemporáneos potencian toda la singularidad del texto de Dostoievski.

Gerardo Vera no crea un escaparate de endemoniados, sino de envenenados. El veneno de la inocencia enferma en Myshkin, el del amor neurótico y criminal en Rogozhin, el veneno de ese juguete roto que es Nastasia. Venenos que tienen cara, gestos y voz en unas interpretaciones donde destacan las turbulencias de Jorge Kent y Marta Poveda. La Nastasia de Marta Poveda proyecta ese mundo de sexualidad, sentimentalidad y tragedia que se va a convertir en el motor de la obra. Ella es, en realidad, el centro de este universo, y su enorme fuerza interpretativa alrededor de la que gravitan esos momentos donde, como en Rilke, la belleza es el inicio de lo terrible, se llame dinero, destino o muerte.

Gerardo Vera ha sabido dar vida a unas pasiones extremas en una propuesta tan profunda como rigurosa.