Una escena de «Así que pasen cinco años»
Una escena de «Así que pasen cinco años» - David Ruano
CRÍTICA DE TEATRO

«Así que pasen cinco años», de García Lorca: la materia de los sueños

La compañía andaluza Atalaya, bajo la dirección de Ricardo Iniesta, presenta la obra en el teatro Valle-Inclán

Actualizado:

El calificado durante mucho tiempo como «teatro imposible» de Lorca me parece a mí que ha dejado de serlo gracias a inteligentes montajes como este, interesados sobre todo en atrapar al vuelo la poesía de las obras y su poderoso aparato simbólico. El público de nuestros días acepta fascinado los mundos misteriosos, abiertos, interrogantes, del teatro de vanguardia que Federico creó tras su viaje a Estados Unidos del que también nació su formidable «Poeta en Nueva York». «Ciclo de los misterios» denominó precisamente la hispanista francesa Marie Laffranque a la terna compuesta por «El público» (1930), «Así que pasen cinco años» (1931) y la inconclusa «Comedia sin título» (1935-1936).

«Así que pasen cinco años» (****) Autor: Federico García Lorca. Dramaturgia, dirección y espacio escénico: Ricardo Iniesta. Iluminación: Miguel Ángel Camacho. Vestuario: Carmen de Giles. Música: Luis Navarro. Intérpretes: Elena Amada Aliaga, Jerónimo Arenal, Manuel Asensio, Carmen Gallardo, Silvia Garzón, José Ángel Moreno, María Sanz, Raúl Sirio Iniesta y Raúl Vera. Teatro Valle-Inclán. Madrid.

«Así que pasen cinco años», que el autor subtituló «Leyenda del tiempo», es una obra sobre el amor perpetuamente postergado que el poeta amasó con la esquiva y terrible materia de los sueños; hay estudiosos que creen adivinar en la estructura de la pieza el delirio culpable del joven protagonista, mecido por el paso implacable, pero también elástico, del tiempo, un espacio en el que los relojes de los enamorados nunca marcan la misma hora y los personajes no tienen nombre propio, son llamados joven, viejo, un niño muerto, un gato muerto, criado, la mecanógrafa, la novia, el maniquí, payaso, arlequín, máscaras… Náufragos en un tiempo que se licúa, como si vivieran dentro de un reloj blando de Dalí.

Ricardo Iniesta ha pautado una puesta en escena primorosa y enigmática, impregnada de un subyugante aliento poético, que dilucida el pulso de la pieza en una sucesión de brillantes escenas bañadas por la luz mágica de Miguel Ángel Camacho. Ha concebido también un espacio escénico sugerente y de muy bella fuerza plástica, con escaleras anudadas que remiten a los mundos de Escher. Dos generaciones de actores de la compañía Atalaya participan en el notable empeño interpretativo, todos entregados, llenos de vigor expresivo, de la fantástica veterana Carmen Gallardo, que participó en el primer montaje de esta obra realizado por el grupo en 1986, a la más joven del reparto, Elena Amada Aliaga, que entre otros personajes encarna a la novia.