Una escena de la obra teatral «Obabakoak»
Una escena de la obra teatral «Obabakoak» - ABC

«Obabakoak», voces en la oscuridad de sus vidas

La adaptación teatral que Calixto Bieito hace del libro de Bernardo Atxaga es un viaje hermoso y deslumbrante por el amor y los recuerdos

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Once actores, once voces y once bicicletas para recorrer los territorios de Obaba. Once ciclistas que aparecen entre la niebla de la luz de los focos, atravesando una noche profunda. En realidad, no se sabe si van a Obaba o vienen de allí, y poco importa: tal vez Obaba está por todas partes, es decir, dentro de ellos mismos. Once seres que llevan cada uno una historia encima, la historia que marcó su vida, el trauma que los perturbó.

Calixto Bieito ha construido un «Obabakoak» bellísimo, que no es sino un viaje al fondo de nuestra mente. Un poema poblado de voces sobre nuestros miedos, sobre nuestros terrores, sobre nuestras tragedias. Lo que en Bernardo Atxaga es tercera persona, aquí es biografía íntima, confesión. Los micrófonos colgando les dan voz a cada uno de ellos, a sus destinos truncados, al monólogo de su locura. Acostumbrados a un Bieito cuyas puestas en escena de la violencia, de la perturbación siempre tienen un carácter espectacular, extraordinariamente barroco, aquí todo se resuelve por vía de la sencillez, de la emoción y de la sutileza. Un simple escenario teñido de negro, una enorme pantalla de vídeo y un puñados de seres cuyas metamorfosis biográficas son los relatos que tal vez nunca hubieran querido vivir.

El «Obabakoak» de Bieito posee, por eso, la fuerza expresiva del contador de cuentos, del relato oral hecho intimidad. Somos un puñado de relatos, nuestras vidas son la belleza y la tragedia de contar nuestra historia. Imposible no acordarse de los contadores de cuentos de la plaza Xmáa-El-Fna de Marraquech, de «La mil y una noches», no mirar este montaje como ideado por una Scheherezade de nuestro tiempo que mezcla la naturaleza, los animales y lo humano, lo visual y lo existencial.

Calixto Bieito es un fabulador radical, un narrador de mitos, por eso estaba destinado a encontrarse con esta obra de Atxaga. Porque «Obabakoak» es una historia de historias, lo mismo que Bieito es el universo apócrifo de otros creadores.

En la cabeza del espectador queda ese hombre que viajó a Hamburgo para descubrir que la mujer que amó era una invención de su padre, el pobre muchacho solitario que se convirtió en un jabalí blanco, un chico que se transformó en su hermana muerta… Como queda la fuerza interpretativa de Joseba Apaolaza, Ylenia Baglietto o Koldo Olabarri como ejemplos de un reparto que sabe mantener la tensión y arrastrarnos con sus palabras.

Este viaje hermoso y deslumbrante por el amor y los recuerdos queda convertido, como la vida misma, en un montón de bicicletas, de biografías en el centro del psiquiátrico del escenario. Un viaje de Calixto Bieito absorbente y fascinante.