Una escena de «Obabakoak»
Una escena de «Obabakoak» - E. Moreno Esquibel

«Obabakoak»: poema polifónico para voces, bicicletas e imágenes

El teatro Valle-Inclán acoge la adaptación teatral, realizada y dirigida por Calixto Bieito, de la novela de Bernardo Atxaga

MadridActualizado:

Casi treinta años después de que «Obabakoak», una de los novelas más relevantes de la literatura vasca reciente, la obra de Bernardo Atxaga fue llevada a escena. Calixto Bieito, director artístico del teatro Arriaga desde enero de 2016, la presentó en el coliseo bilbaino, y ahora el Centro Dramático Nacional presenta esta producción en el teatro Valle-Inclán. El estreno del jueves se produjo en euskera, pero las funciones siguientes (estará hasta el domingo 28) se harán en castellano.

«Obabakoak» construye en los distintos relatos que alberga un mundo donde fantasía y realidad se confunden. La mayoría transcurren en Obaba, un lugar imaginario, pero Calixto Bieito ha elegido, cuenta Atxaga, «la parte alemana del libro, donde hay dosis de psicología que no hay en el resto».

Once actores componen el reparto de lo que Calixto Bieto como «un poema polifónico para voces, bicicletas e imágenes». Son Joseba Apaolaza, Ylenia Baglietto. Gurutze Beitia, Ainhoa Etxebarria, Miren Gaztañaga, Iñake Irastorza, Itziar Lazkano, Idoia Merodio, Koldo Olabarri, Lander Otaola y Eneko Sagardoy. El director burgalés se ha rodeado de sus habituales colaboradores en sus montajes internacionales. La escenografía es de Susanne Gschwender, la iluminación de Michael Bauer, el vestuario de Sophia Schneider, los audiovisuales de Sarah Derendinger y la música de Carlos Imaz. «La escenografía -cuenta Bieito- es en realidad una instalación, con bicicletas y una gran fotografía que se deconstruye».

Confiesa el director burgalés que «Obabakoak» es una novela que le ha acompañado y le acompañará toda la vida. «Me ha ayudado a descubrir cosas de mí mismo». Ha planteado la escena como «un gran puzle que tiene algo de ópera contemporánea; a mí me gusta más el teatro atonal que el tonal. En la novela está todo lo que uno puede decir, todo lo que puede expresar con palabras, y todo lo que no se puede decir. Está llena de obsesiones, entronca de algún modo con lo mejor del Quijote. Y yo he colocado los textos en una polifonía de voces; es un espectáculo muy sensual, con una sonoridad muy especial, en la que juega un papel relevante el sonido de los trenes, que marcó mi infancia».