Aspecto de la sala de La Fenice tras la restauración del teatro

El nuevo vuelo de La Fenice de Venecia

JUAN VICENTE BOO. CORRESPONSAL
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ROMA. Un mundo mágico de luz y de belleza se abre de nuevo al cruzar las puertas de La Fenice. Como el ave mitológica, el teatro más amado del mundo, ha renacido espectacularmente de sus cenizas; las del incendio de 1996 que devoró el edificio hasta los cimientos sin que los bomberos fueran capaces de conectar el agua, precisamente en la ciudad de los canales. Dolido hasta la agonía, Luciano Pavarotti comentó que «Venecia ha perdido su alma». Pero el mito del Ave Fénix se ha hecho realidad, y el teatro volverá espectacularmente a la vida el próximo 14 de diciembre.

Las altísimas llamas de aquella noche de 1996 y la desolación de los amantes de la ópera pasan a ser un recuerdo lejano, casi irreal, a medida se encienden de nuevo las luces de los palcos y la gran lámpara central, construída por artesanos de Birmingham como copia exacta de la anterior. El nuevo esplendor de La Fenice deja al visitante sin palabras. El lema acuñado por los venecianos en 1996 -reconstruir el teatro «como era y donde estaba»- ha sido superado: ahora es «mejor de lo que era».

Herida cerrada

Giuseppe Verdi, que compuso «La traviata» y «Rigoletto» para ese local, o Gioachino Rossini, que escuchó un chaparrón de silbidos durante el estreno de «Tancredi», se quitarían el sombrero ante el trabajo coordinado por el alcalde Paolo Costa, cuya esposa Maura y cuya hija Elena actuaron en ese escenario antes de que lo devorasen las llamas. Según Costa, ex-rector de la Universidad Ca´Foscari, «teníamos que reconstruirlo exactamente igual por un motivo psicológico. Demasiadas veces se contempla a Venecia como una ciudad que muere. La Fenice era una herida abierta en el corazón de la ciudad, y teníamos que cerrarla». Ha costado 85 millones de euros, pero lo han conseguido.

Aunque el mérito principal corresponde al arquitecto Aldo Rossi, fallecido sin llegar a ver el éxito de su proyecto, el escenográfo Mario Carosi merece un aplauso por haber reconstruido la decoración «a base de millares de fotografías que hemos clasificado y procesado en ordenadores. Por ejemplo, un curioso relieve de instrumentos musicales y «putti» viene de una fotografía que tres señoras se hicieron en ese mismo lugar como recuerdo de una velada». Por todas partes, ninfas y amorcillos juegan en campos dorados bajo el azul luminoso de un techo que parece abrirse al cielo de la gloria.

Joya tecnológica

Llevando al extremo el ejemplo del Liceo de Barcelona, la nueva Fenice es una joya tecnológica escondida bajo su aspecto «ottocentesco». Aparte de contar con el mejor sistema imaginable contra incendios, las finas columnas de madera tienen ahora un núcleo interior de acero. El edificio cuenta con todos los adelantos y la tramoya se controla con un sistema completamente informatizado. Todo el trabajo se ha realizado en dos años, compensando con entusiasmo el tiempo perdido durante los seis primeros años consumidos en los tres pleitos a que dio lugar aquel estúpido incendio que provocaron dos electricistas para ocultar el retraso en el cambio de los cables y ahorrarse pagar la penalización.

El próximo domingo, el maestro Riccardo Muti -que recogió en La Scala de Milán a los «refugiados» de La Fenice- dirigirá la reapertura en presencia del presidente de la República, Carlo Azeglio Ciampi, y un millar de invitados entre artistas y donantes de todo el mundo. Las notas de Beethoven, Stravinski, Caldara y Wagner, interpretadas por la Orquesta y Coro de La Fenice, llegarán a toda Italia mediante la retransmisión en directo, como volverá a suceder el día primero de año sustituyendo, por una vez, al concierto de Viena. Del 15 al 21 de diciembre las grandes orquestas europeas se sucederán en el escenario de La Fenice: la Filarmónica de Londres, dirigida por Christian Thielemann, con un programa que incluye a Wagner, Puccini y Richard Strauss; la Academia Nacional Santa Cecilia de Roma, bajo la batuta de Myung Whun Chung, con la «Tercera Sinfonía» de Mahler en los atriles; la Filarmónica de Viena, a las órdenes de Mariss Jansons y con un programa que incluye a Weber, Schumann y Musorgski; y la Filarmónica de San Petersburgo dirigida por Yuri Temirkanov, que interpretará obras de Chaikovski y Stravinski. Como paréntesis excepcional figura, el 19 de diciembre, un concierto gratuito de Elton John, que vive parte del año en la ciudad de la Laguna.

Durante toda la semana, técnicos y arquitectos trabajarán al máximo para estudiar los efectos acústicos y, con los datos que recojan, hacer los retoques necesarios durante los primeros seis meses del próximo año. La primera temporada de verdad se iniciara en noviembre de 2004. Con «La traviata».