Plácido Domingo, más castizo que nunca
Plácido Domingo, más castizo que nunca - ABC

Noche mágica de Plácido Domingo en las Termas de Caracalla

Vuelve 29 años después de su inolvidable concierto de los tres Tenores y y regala al público una «Noche Española», un concierto homenaje a la Zarzuela y a sus padres

Corresponsal en RomaActualizado:

Plácido Domingo (78) vuelve a emocionar en las Termas de Caracalla 29 años después del inolvidable concierto de los Tres Tenores con Pavarotti y Carreras. Como entonces, la de anoche fue también mágica, porque el tenor español es celebrado en Italia como un personaje que está ya en la historia de la música y en el corazón de los italianos. Domingo fue protagonista de una «Noche Española», titulo del espectáculo con el que rindió homenaje a la Zarzuela con algunas famosas arias, acompañado por la compañía de baile Antonio Gades, junto a la soprano Ana María Martínez, el tenor Arturo Chacón y la orquesta de la Ópera de Roma.

Plácido Domingo llegó a Roma después de su éxito en Verona, donde se le rindió homenaje por el 50º aniversario de su debut en la Arena. Allí, en un anfiteatro abarrotado, 13.000 personas le aplaudieron a rabiar, no por la obligación del homenaje sino por placer, en tres espectáculos: Cantando en «La Traviata», dirigiendo «Aida» y en una gala verdiana con Nabucco, Simon Boccanegra y Macbeth. En la Arena debutó con «Turandot» de Puccini, hace medio siglo, cuando Neil Amstrong hacía muy poco que había pisado la luna. Cincuenta años para un cantante son una eternidad y el público de Verona lo ha aclamado porque ha escuchado la voz de Domingo aún en forma, aunque no sea la misma que la de su debut.

Gran emoción

«¡Dios mío, cómo pasa el tiempo!», exclamó el tenor recordando en Roma la actuación de los Tres Tenores: «Volver después de tantos años es una gran emoción; estoy felicísimo. Aquel concierto fue un gesto que hicimos por Carreras, que había superado poco antes la leucemia. Fue muy divertida la elección del programa, entre nosotros no había ninguna rivalidad. Se cantaba en todo el mundo y fuera del escenario Luciano y José jugaban largas partidas de póker, yo miraba. De aquellos días recuerdo también las comilonas. Con Luciano se comía mucho».

Con su nueva actuación en Roma, en un escenario fascinante como las Termas de Caracalla, Plácido Domingo quiso realizar un homenaje lleno de amor por su familia y sus orígenes. «Mis padres eran cantantes de Zarzuela, un género ligado a la tradición popular española y latina al que mis padres dedicaron con amor toda la vida. Esa música fue la que escuché antes de nacer. Mi madre cantaba pocos días antes de que yo naciera. Para mi ser cantante es un privilegio: se crea tal comunión con el público que se logran cancelar todos los problemas cotidianos», afirmó el maestro, confiando en que su exhibición sirva al público romano para descubrir este género musical típicamente español, que es «rico y extraordinario».

Placido Domingo, José Carreras y Luciano Pavarotti, en un concierto en Los Angeles durante 1994
Placido Domingo, José Carreras y Luciano Pavarotti, en un concierto en Los Angeles durante 1994 - Sam Mircovich / Reuters

Sin nostalgia del pasado

El exigente público italiano advierte que hoy Plácido Domingo no tiene el físico de hace casi 30 años cuando encantó junto a Carreras y Pavarotti en una noche que puso broche al Mundial de fútbol de 1990, pero su carisma y clase no envejecen, y anoche volvió a cautivar a los espectadores. En un país que ama la música en general y la ópera en particular –«la música alegra el alma», dijo el maestro– el cantante madrileño es una leyenda para los italianos, que lo adoran porque además ha batido todos los récords: En 78 años ha cantado más de 4.000 representaciones de ópera y ha dirigido 500. Cuenta en su repertorio más de 150 títulos; 12 los Grammy ganados con discos. Ha hecho duetos con todas las grandes prime donne: la Sutherland, Mirella Freni, la Tebaldi y la Caballé (solo le queda el desconsuelo de no haber cantado con la Callas). Pero Plácido Domingo no mira con nostalgia su fabuloso pasado: «Nunca pensé que tiempos pasados fueron mejores; siempre hubo maestros, grandes intérpretes y directores. Antes la lírica en Europa se hacía solo en las capitales, ahora toda gran ciudad tiene un teatro de ópera y se está formando un público joven que acude a los conciertos».

La pregunta inoportuna

Cuando se le indica si no piensa en retirarse, pregunta desagradable e inoportuna, pero seguramente obligada para su edad, responde que todavía tiene «el deseo de enriquecer» su impresionante «repertorio». «Sigo adelante, hasta que exista la pasión. Y todavía la tengo», afirma el maestro, aunque reconoce limitaciones que expresaba así a «La Stampa» en Verona: «De vez en cuando pienso en dejar el escenario. No por una cuestión física, sino mental. Las óperas de mi repertorio como barítono las tengo que estudiar de nuevo cada vez que las canto. Entonces me viene la idea de hacer menos interpretaciones y más conciertos. Seguramente quiero dirigir más. Pero mis padres eran cantantes y yo en el teatro he nacido. Es mi casa, mi vida». Lo comprobó anoche el público, al que Domingo emocionó. Los romanos le correspondieron con los más calurosos aplausos, que tenían el sabor de homenaje y de agradecimiento porque les hizo vibrar también con la Zarzuela.