«Necesitaba hacer esta película»

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POR JULIO BRAVO

MADRID. La tarjeta de visita de Emilio Aragón es de tamaño folio; no le caben ya las ocupaciones: payaso, actor, productor, cantante, empresario, guionista, presentador, compositor, director de orquesta, presidente y patrono de fundaciones... Por si fuera poco, y traspasada la frontera de los cincuenta años, ahora suma una nueva actividad: director de cine. Mañana concluye el rodaje de su primera película, «Pájaros de papel», en la que cuenta la historia de una compañía de cómicos en los años de la posguerra española. Se trata, dice, «de rendir homenaje de alguna manera a una generación brillante que ha servido de locomotora a todos los que hemos venido detrás. Es la generación de mi padre, que tuvo que crecer profesionalmente contra viento y marea, que vivían por y para su arte y que aunque se murieran de hambre lo hacían a gusto». El propio Aragón firma, junto a Fernando Castets («El hijo de la novia», «Luna de Avellaneda»), el guión del filme, que protagonizan Imanol Arias, Lluís Homar, Carmen Machi y el niño Roger Príncep.

«Necesitaba hacer esta película -confiesa Emilio Aragón-. Hace ya mucho tiempo que le daba vueltas y esperaba el momento ideal para rodar mi primera película. Yo soy de los que lo anotan todo. Hasta en las bolsas para vomitar de los aviones he escrito por no tener otro papel a mano. Y tengo cuadernos llenos, y una caja donde voy reuniendo esas ideas. Aproximadamente hace tres años me senté a escribir el argumento de «Pájaros de papel», y ya fue todo rodado». «Lo importante -sigue- es tener una buena historia que contar. Es difícil que de una mala historia surja una buena película. Aunque sí puede pasar que un director estropee un buen libro o un buen guión».

Emilio Aragón clasifica su película como «un melodrama; es una película que habla, básicamente, de emociones. No me gusta esa máxima de Syd Field, el maestro de guionistas, de contar la película en una línea. Entiendo el truco comercial y es estupendo, pero nuestra película va por carreteras secundarias, e intentamos que las paradas que hagamos narrativamente a lo largo de ese camino sean en pueblos interesantes y no en gasolineras con fast food».

Ha querido hacer la película que a él le gustaría ver como espectador. «Tratamos desde el principio que todo sea verdad, ése es el código que hemos manejado desde el principio. Verdad a la hora de contarla, de interpretarla. No se fuerza la comedia para buscar el chiste, sino que nace de manera natural dentro de la historia. Y el ejercicio más complicado ha sido manejar los tiempos y los tonos de los actores. Pero teniendo a Lluís, a Imanol, a Carmen... Uno sueña algo sobre el papel... Es como cuando compones una partitura. Si la toca una orquesta de medio pelo no tiene nada que ver con lo que ha imaginado. Pero si la toca la Filarmónica de Berlín, por ejemplo. Y yo he tenido a unos stradivarius afinadísimos y de la mejor calidad».

Sabe Emilio Aragón que es un debutante privilegiado, «entre otras cosas por el equipo con el que he podido contar». Y sabe también que no le van a juzgar como a un director primerizo. «Lo único que espero es que se vaya a ver la película con una mirada limpia. Creo que aterrizo en el cine en el momento adecuado. He cumplido cincuenta años, tengo cierta madurez en en esta profesión y un mínimo bagaje como para contar cosas, y era ahora o nunca».