Cristina Gallego, Eduardo Noriega, Gerald B. Fillmore, Alfredo Noval y Jorge Usón
Cristina Gallego, Eduardo Noriega, Gerald B. Fillmore, Alfredo Noval y Jorge Usón - marcosGpunto

María Lejárraga, la autora que escribía las obras que firmaba su marido

El Centro Dramático Nacional estrena «Firmado Lejárraga», una obra escrita por Vanessa Montfort

MadridActualizado:

Dice Vanessa Montfort que cuando el Centro Dramático Nacional le encargó que escribiera un texto sobre María Lejárraga, sintió que en realidad lo que le estaban haciendo era un regalo. «Es un personaje del que había tenido noticia un año antes; es tan grande y fascinante...» Después de varios meses de trabajo, el próximo martes se estrena «Firmado Lejárraga», que ha dirigido Miguel Ángel Lamata y que estará interpretado por Gerald B. Fillmore, Cristina Gallego, Eduardo Noriega, Alfredo Noval y Jorge Usón. El espectáculo se incuye en el ciclo «En letra grande», con el que se quiere rescatar figuras oscurecidas a pesar de su contribución al teatro español: María Teresa León, Rosario de Acuña, Halma Angélico y María Lejárraga.

María de la O Lejárraga García nació en San Millán de la Cogolla, en La Rioja, en 1874 -murió con 100 años en el exilio argentino-. Casada en 1900 con el dramaturgo Gregorio Martínez Sierra, suya es prácticamente toda la obra que firmó su marido: desde los libretos de «El amor brujo», de Falla, o «Las golondrinas», de Usandizaga, hasta las obras «Canción de cuna» o «El Reino de Dios». «Ella no estaba conforme con su situación -explica Vanessa Montfort-. Al principio la aceptó porque era lo mejor; era maestra, que en los primeros años era su prioridad, porque además de eso vivía el matrimonio y hubiera estado mal visto que firmara. María priorizaba la obra sobre la firma, y el anonimato le permitía la intimidad con la que ella se sentía más a gusto. Pero reclamó sus derechos de autor a raíz de la relación de Gregorio Martínez Sierra con Catalina Bárcena».

«María Lejárraga -continúa la autora- es y seguirá siendo un misterio. Ni siquiera apoyándome en los valiosísimos testimonios de los supervivientes que la conocieron, de su familia o de los investigadores que estudiaron su obra, sabremos por qué borró su nombre».

El trabajo de investigación previo a la escritura ha sido, no hay más que escuchar a Vanessa Montfort, tanto o más satisfactorio que éste. La creación, reconoce, se ha hecho a seis manos; además de las suyas, que son las que han llevado la historia al papel, están las del director, Miguel Ángel Lamata, y de las de la documentalista, Carmela Nogales. Y básica ha sido también la ayuda de Antonio González Lejárraga, descendiente de la dramaturga. «Ha sido fundamental para la recuperación de documentación. No es fácil, además, encontrar a alguien que tenga la sensibilidad suficiente para dejarnos crear con libertad; desde el principio, y aunque estábamos escribiendo sobre un antepasado suyo, nos dijo que era una creación nuestra».

Hay mucha literatura sobre María Lejárraga -aunque ésta es la primera vez que su figura sube al escenario-, entre ellas su propia autobiografía; a ello se suman las ciento cuarenta y cuatro cartas que la investigadora Patricia O’Connor sacó a la luz y que son, dice Vanessa Montfort, ciertamente reveladoras. Con todo este material -a los actores se les entregó un extenso dossier sobre la dramaturga-, había que convertir la historia en un pieza de teatro. «Decidi volcar mi mirada sobre ella de un modo no académico y de autora a autora (de autor a autor, el género no tiene que ver). Y quiero reivindicar su figura sin atacar a Gregorio Martínez Sierra». Al tiempo que posa su mirada, Vanessa Montfort ha querido recrear la mirada de María Lejárraga sobre los hombres que la rodearon, entre ellos Manuel de Falla o Juan Ramón Jiménez. En la obra aparecen ellos junto a Federico García Lorca, Joaquín Turina y, naturalmente, el propio Martínez Sierra. Hay dos Marías en escena: «es la autora de su propia obra, de la obra de su vida», explica la autora. «De los tres exilios que vivió -el del corazón, el político y el de la memoria-, nuestra protagonista nos hablará desde este último.

Y es que, dice Vanessa Montfort, lo más honesto es asumir que no vas a poner en escena ninguna verdad; que has de acercarte teatral y dramáticamente al personaje.