Malcolm McDowell y Walter Hill, frente a frente en el Festival de Sitges
EFE Malcolm McDowell, ayer en Sitges

Malcolm McDowell y Walter Hill, frente a frente en el Festival de Sitges

JOSÉ EDUARDO ARENAS | SITGES
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Uno de los aciertos del Festival de Sitges es el de acercarnos a un palmo de la cara a las más prestigiosas personalidades que han aportado momentos cumbres del cine de todos los tiempos, profesionales con una huella indeleble que les ha permitido entrar en la historia del cine por derecho, sin restringirse a la hora de saltar de género; pero si éste es el fantástico, mejor que mejor. Walter Hill ante tal despliegue de piropos. Tal es su caso, como el de Malcolm McDowell, más simpático si cabe. Sobre todo cuando recuerda «que, como era un chaval cuando trabajé con él, me mandaba a comprar comida china».

Nacieron con un año de diferencia: 1942 y 1943, respectivamente. El primero en California, el segundo en Inglaterra. Pero algo importante les une: son diferentes y han adquirido la fama por haber aportado al cine un estilo propio. Quizá ninguno de los dos haya tenido nunca el estudio exhaustivo de su intenso y merecido trabajo. Nadie es perfecto. Sin embargo, estuvieron, están y estarán para le eternidad. ¿Se imagina alguien el cine sin «La naranja mecánica» y sin «Alien»? Por eso Sitges les ha premiado ahora a toda su obra coincidiendo con el décimo aniversario de la muerte de Kubrick, que basó su «naranja» en la ya de por sí polémica novela de Anthony Burgess, quien a su vez se «inspiró» en la violación de su propia mujer por cuatro soldados estadounidenses. «Guardo de él muy buenos recuerdos y algunos momentos malos del rodaje de «La naranja mecánica»: aquel en el que me abrían los ojos durante mucho tiempo. Rodar aquello fue casi insoportable, se me secaban... No creo que fuera tan loco como se decía, al menos yo no veía en él otra cosa que no fuera talento», dice McDowell.

Western y ciencia-ficción

Hace gala de ser un actor muy británico, «y no creo que me haya perjudicado. No es una desventaja. A mi edad, y con la cantidad de cosas que he hecho en muy distintas cinematografías, puedo decir que soy un actor que se acomoda a la perfección con los nuevos directores y sus puntos de vista», añade el actor.

Por otra parte, si sumamos «Tiburón» (1975) y «La guerra de las Galaxia» (1977) nos sale «Alien» (1979). Así fue cómo del terror de la primera película, unido al despunte de la ciencia-ficción, saltó el escualo del fondo marino al cosmos para babear convenientemente a Sigourney Weaver. Hill es el productor de la tetralogía «Alien», además de tener una carrera envidiable, en la que el western y la ciencia-ficción nunca le han sido indiferentes. Está de acuerdo en que su estilo entre los años 70 y 80 «fue muy bien acogido por el público. Por cierto. Eso que cuenta usted de «Tiburón» y «La guerra de las galaxias» tiene bastante de realidad. De hecho, el guión de «Alien» corrió por muchos sitios antes de que cayera en mis manos». Dicen que es el rey de los héroes virtuosos, y añade que antes de que deje Sitges me contará que va a rodar de nuevo con Mickey Rourke. ¡Genial!