José Saiz y Alberto Vázquez, en un momento del espectáculo
José Saiz y Alberto Vázquez, en un momento del espectáculo - Saga

«La jaula de grillos»: canto a la tolerancia en el cabaret

El teatro Amaya presenta la obra de Jean Poiret, protagonizada por José Saiz y Alberto Vázquez

MadridActualizado:

Jean Poiret, un actor francés, escribió «La Cage aux folles», estrenada en 1973. De su texto surgió un musical con el mismo título, estrenado en Broadway una década después; y una película, «Vicios pequeños», de 1978, que tendría dos secuelas: «La jaula de las locas» (1980) y «La jaula de las locas: ellas se casan» (1985), las tres con Ugo Tognazzi y Michel Serrault. También Hollywood se ha fijado en la historia: « Una jaula de grillos» (1996), de Mike Nichols.

Ahora vuelve a escena en un espectáculo musical que recoge algunas canciones del musical de Jerry Herman (entre ellas el himno «I am what I am»)y las mezcla con grandes éxitos de los años ochenta: Village People, Gloria Estefan, Gloria Gaynor... La versión es de J. V. M. Luciano y la dirección es de José Saiz. Él mismo encabeza el elenco junto a Alberto Vázquez. «La idea -cuenta este actor- es que el público sea el espectador del cabaret y al tiempo asista a una especie de “gran hermano”. Y por lo visto hasta ahora -el espectáculo lleva unas 70 representaciones-, el público entra desde el minuto uno en el código».

La obra, en la que una pareja homosexual se ve obligada a ocultar su condición para agradar a la futura familia política de un joven al que han criado como a un hijo, sigue de actualidad según Vázquez. «La situación se ha normalizado, pero en el corazón de mucha gente sigue viéndose como algo incómodo ver, por ejemplo, besarse a dos hombres».

« La jaula de grillos» -título de esta adaptación- es una «maravillosa historia de amor entre cincuentones» que cala en el público. «No sabe el cariño que le toma la gente a estos personajes, cómo se emocionan con ellos. Una mujer me abrazó a la salida del teatro un día, y me dijo que después de ver la función comprendía a su hijo».

La obra es muy libre y también un canto a la tolerancia, donde «los que son aparentemente unos pervertidos dan una clase de moral y quienes son “íntegros” finalmente resultan ser una basura. Pero todo termina en su sitio».