Una escena de «Los sobrinos del capitán Grant», con Millán Salcedo en una producción dirigida por Paco Mir
Una escena de «Los sobrinos del capitán Grant», con Millán Salcedo en una producción dirigida por Paco Mir - J.M.Serrano

La insólita apuesta que hizo fumar a un coro en escena

El dramaturgo Miguel Ramos Carrión se las ingenió para que lo hicieran en la zarzuela «Los sobrinos del capitán Grant»

MadridActualizado:

«Los sobrinos del capitán Grant» es una de las más peculiares zarzuelas del repertorio. «Novela cómico-lírico-dramática en cuatro actos y dieciocho cuadros, la definieron sus autores, Miguel Ramos Carrión (libreto) y Manuel Fernández Caballero (música). Se estrenó en el teatro Príncipe Alfonso de Madrid el 25 de agosto de 1877.

Con su punto de partida en la novela de Julio Verne «Los hijos del capitán Grant», la zarzuela relata la accidentada vuelta al mundo, desde una corrala madrileña ,de sus protagonistas: un subteniente retirado, una bailarina y su enamorado, un seminarista fugado; y un sire escocés y su hija.

En una acción insólita en nuestro género lírico, que suele refugiarse en historias patrias (con sus excepciones, como pueden ser «Molinos de viento», «Don Gil de Alcalá», «El niño judío» o «La generala», por poner cuatro ejemplos), «Los sobrinos del capitán Grant» presenta una abundante variedad de escenarios: un navío escocés, la ciudad chilena de Talcahuano, las cumbres andinas, las llanuras argentinas, la Patagonia, el interior y las costas de Australia, la isla de Nueva Zelanda y un bergantín español.

«Su propósito -escribió Martín Llade en su texto del programa de mano para una representación de la obra en el Teatro de la Zarzuela- era llevar al espectador desde una corrala madrileña al paralelo 37º 11' Sur, cruzando el Atlántico para detenerse en Chile, Argentina y posteriormente viajar a Australia y Nueva Zelanda. La producción requirió nada menos que veintidós decorados de nueva creación y más de trescientos trajes, a fin de recrear el exótico folclore de las regiones representadas».

Los veintiocho números musicales son, en su mayoría, coros. Y destaca el que cantan, al principo del segundo acto, unas mujeres chilenas: el «Coro de Fumadoras», que empieza así: «Si es en el hombre un vicio el de fumar, en la mujer es gracia particular».

La escena presenta a un grupo de mujeres fumando. En las representaciones actuales de la obra -la Zarzuela la programó durante varios años todas las Navidades- son cigarrillos falsos, lógicamente. Pero en su estreno se usó tabaco real. Fue un truco del libretista, Miguel Ramos Carrión, que así logró ganar una apuesta que se había cruzado meses atrás con el empresario del teatro.

Lo relató así Enrique Chicote en su libro «La Loreto y este humilde servidor (Recuerdos de la vida de dos comediantes madrileños):

«La temporada anterior al estreno de “Los sobrinos del capitán Grant” le echaron [a Ramos Carríón] del escenario del Teatro del Príncipe Alfonso, porque el empresario había prohibido que se fumara allí.

—¿Sí?... -le dijo Ramos a don Simón de las Rivas. ¿No quiere usted que en el escenario fume un cigarrillo? Pues yo le aseguro que la próxima temporada se fumarán a un tiempo veinte. ¡ Y usted, encantado!

—¿A que no?

—Una apuesta.

—Va una cena.

—Va.

Y al siguiente año se estrenaban Los sobrinos, con el célebre número de las fumadoras.»